AJIMEZ ARTE

Crítica

Jaime Rodríguez López

¿Qué es Arte? Intervención y estudio sobre Pintura Rápida

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Después de asistir permanentemente, durante todo un año, doy por cerrado el proceso del ciclo creativo titulado ¿Qué es Arte? He utilizado como objeto y sujeto de estudio una manifestación que se realiza durante todo el año, denominada, pintura rápida o pintura al aire libre, una especie de certamen cuyo cliché se basa en la participación de una serie de personas o “artistas” que durante un día, en un determinado horario, realizan una obra “normalmente” pictórica sobre un tema que suele ser el espacio y el entorno en el que se organiza el evento.
En Octubre del 2006 me presenté por primera vez a uno de éstos, en concreto, el III Certamen de Pintura Rápida de Bueño (Asturias), cuyo tema era Horreos y Paisajes. Como bien se denomina el certamen, hice mi pieza con la mayor rapidez posible, unos 15 minutos aproximadamente, y la entregué en el lugar indicado. De aquí, pasé a la verdadera obra que me llevó al lugar: Realizar una encuesta entre los participantes, que consistía, en preguntarles el nombre, su edad y que me respondiesen a una sola pregunta: “¿Qué es el Arte?”. Sorprendentemente para mí, la intrusión fue satisfactoria y todos respondieron a dicha cuestión con la mayor amabilidad posible mientras realizaban su obra.
Las respuestas fueron de lo más variopintas; pero en resumen puedo concluir que la gran mayoría respondió a la frase con una definición bastante precisa: El arte “es una forma de expresión”. Alguna persona afirmó textualmente: “el arte es mi vida”… Algo que me desconcertó un poco; ya que la concepción Beuysiana no se reflejaba para nada en la obra que estaba realizando. Probablemente el concepto de la ecuación Arte=Vida o viceversa del citado Joseph Beuys y otros, entre los que me incluyo, no tiene la misma acepción. Aún así debo agradecer enormemente la colaboración desinteresada de todos los participantes al certamen. Sin lugar a dudas, resultó muy agradable, bastante fructífera para mis objetivos y un poco agotadora; ya que entablar un diálogo con personas desconocidas resultaba tanto para mí como para el entrevistado un tanto “chocante”.
Después de este primer contacto, me presenté a otros eventos de similares características en Covarrubias (Burgos), en Puerto de Tazones, en Noreña y en Pravia (Asturias) para recalar finalmente donde había comenzado un año antes, en el Certamen de Bueño, el sábado, 28 de octubre del 2007. El resultado del estudio se basaba en la implicación de los organizadores y del jurado que formaban parte de la misma. Si la información que pude recoger de los participantes; aunque sencilla o ambigua, resultaba bastante sincera y que en varías ocasiones coincidía en gran medida con los organizadores del evento, no puedo decir lo mismo de los miembros del Jurado.
La conclusión a la que he llegado después de todo este periplo y de recalar toda la información posible, me ha resultado un tanto decepcionante y, por que no decirlo, me produjo una sensación de “vergüenza ajena” que no me esperaba encontrar… Si bien en un único certamen se reconoció públicamente que los miembros del jurado tenían escasos conocimientos sobre la materia, en el resto, se supone que las personas que conforman el jurado, según las bases de las convocatorias, deben de tener un “reconocido prestigio” y tener ciertos conocimientos artísticos del área en el que han de decidir la selección de las obras y, sobre todo, en que obras ha de recaer el premio o los premios.
El asombro me llegó al ver que existe todo un entramado o red de condicionamientos en los que se premia “alucinantemente” a un circuito cerrado de artistas cuya obra se limitaba a reflejar cual fotografía “postalita” un motivo determinado, o todo lo más, buscar resultados efectistas de una cuidada técnica que resultaba visualmente bastante efectiva “reflejos, brillos, contrastes, armonías quebradas, etc.”, resumiendo simple esteticismo. Algo que me parecía incomprensible cuando la calidad técnica de los participantes era bastante elevada y algunos hasta conseguían transgredir los cánones estilísticos de finales del siglo XIX. Pero para mi asombro, eran simplemente desdeñados, o pasaban desapercibidos ante los ojos de los “reputados” entendidos en Arte. Es más, no veo que fuese necesaria semejante teatralidad por parte del jurado; ya que justamente se sabía de antemano entre quienes iban a repartirse los premios. En cada certamen, cuya cuantía superaba los 1000 €, pude observar como los premios se repartían entre cuatro nombres, que se barajaban una y otra vez en el ambiente, como si de la mismísima “crónica de una muerte anunciada” se tratara… y creo que puedo permitirme la expresión de que aquello parecía el televisivo Festival de Eurovisión, donde se sabe muy bien que se valora cualquier cosa excepto la calidad o la innovación.
Pude observar con mis propios ojos como se hacía caso omiso a verdaderas piezas interesantes tanto por su innovación conceptual como por su concepción estética, incluso como la obra de gran calidad de ciertos artistas que no pasaba desapercibida por las miradas del jurado durante la reflexión, desaparecían después de la lista de premiados. Uno de los casos que más me ha sorprendido en este aspecto fue el de un joven artista que habiendo sido participe de otro gran festival como ARCO, no fue premiado por el simple hecho de tratarse de un pintor local. Y es que… ¿Cada certamen tiene su nómina de artistas?, me pregunto. ¿Se premia una Obra o se premian otras “virtudes” personales o políticas? Me parece que no necesito respuesta en este caso… desde luego, la obra es lo de menos.
Otro asunto que me dejó perplejo fue el del tamaño. Pues sí, señores y señoras, “el tamaño importa”. Catatónico me quedé cuando un miembro del jurado me dijo que mi obra, aunque seleccionada, no fue premiada por su reducido tamaño (40 x 40 cm.). Yo me pregunto hasta qué punto puede ser valorada una “memez” dimensional como la Gioconda, el Beato de Liébana o el Libro de Las Horas, por poner algún ejemplo, cuando sus tamaños no se ajustarían a las medidas máximas que suele sobrepasar en la mayoría de estas ocasiones el metro o los 80 centímetros. ¿Para qué ponen en las bases no sobrepasar “x” dimensiones? ¿No sería mucho mejor exigir justamente el tamaño que quieren, para que aquellos que no puedan solucionar el problema de dimensional del soporte no se moleste en presentarse a este tipo de certámenes? Yo creo, sinceramente, que algo debería de cambiar en este aspecto; sobre todo en las “mentes” privilegiadas de reconocido prestigio que son capaces de juzgar una obra por su tamaño.
Pero aquí no se acaba todo: La mayor sorpresa me la llevé cuando el jurado estaba formado por artistas coetáneos cuya carrera conozco casi en su totalidad, al menos la que muestran en sus más y variadas exposiciones dentro de esta región, y en algunas otras en las que coincidimos. El caso más espectacular se produjo en el Certamen de Pintura al Aire Libre de Tazones, cuyo jurado, entre otros, estaba formado por Pablo Maojo y Guillermo Simón Gallego; éste último también actuaba como jurado junto al director de la Escuela de Arte, Alfonso Granda, en el último certamen de Bueño, al que me presenté para cerrar el ciclo de este estudio. La calidad en ambos concursos era elevada… ya sé que es difícil seleccionar cuando el número de obras se excede; pero me quedé “sin palabras” cuando descubrí que no se premiaba la mayor calidad; sino la mayor mediocridad. Se me hace muy cuesta arriba cuando pude observar que la línea estética más próxima a Guillermo Simón Gallego, pasaba desapercibida o ignorada ante sus ojos. Me resultaba muy curioso como Pablo Maojo se acercaba a las obras que utilizaban la madera como soporte y como elemento estético en la composición de algunas obras que participaban en el certamen. Ver como el jurado actuaba directamente, en un espacio público, fue todo un acontecimiento para mí… Aquel silencio, las palabras susurradas, las decisiones imperceptibles… Parecía que aquello iba a cambiar; y que por fin se verían premiadas algunas obras que aunque no aportaban algo muy novedoso al mundo del arte contemporáneo, al menos, utilizaban soportes y técnicas que se escapaban al canon convencional o a la “postalita” que unos “paisaninos”, que por allí pasaban, decían: -“¡Mira…Qué guapu ye esti cuadru!”.  Después de una larga deliberación por parte de los susodichos “artistas” o miembros del jurado, los premios fueron a caer sobre las postalitas convencionales que ya habían preseleccionado los “paisaninos”… Increíble; pero cierto. Y así, una y otra vez, certamen tras certamen… Salvo alguna excepción extraordinaria.
A pesar de todo no me puedo quejar durante este estudio anual sobre ¿Qué es Arte?: Me seleccionaron en dos de los eventos, me dieron el tercer premio en otro y un concejal de cultura me compró lo que hice. Pero esto no significa nada; ya que mi obra es lo de menos, lo de más, son aquellas obras que merecían estar premiadas y en su lugar nos hallamos con la mediocridad artística que no parece evolucionar a pesar de las obras transgresoras que nos muestran en los museos los artistas que formaron parte del jurado. Lamentablemente las cosas no cambian o cambian lentamente. Ahora sólo quedaría abrir otro estudio y que el jurado respondiese a la cuestión que tantas veces está en boca: ¿Qué debe ser considerado como Arte? O ¿Qué debe ser considerado como Jurado?

http://www.kaosart.org/images/kaos_accion/pintura_rapida/arte_rapido.htm

 

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