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Natalia Tielve

Luís Lanzas: rumbo a Utopía

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Texto extraido del Catálogo editado por la galería Dasto

El dominio de lo real no está ya demarcado con precisión. El lugar, el tiempo, la materia, admiten libertades que antes no presentíamos. El rigor engendra ensueños. Los ensueños se corporeizan .


Dando continuidad y culminando un proceso de investigación que viene desarrollando en los últimos años, Luis Lanzas nos hace partícipes de su reflexión sobre la ciudad, introduciéndonos en un medio decodificado y problematizado.
En el marco de la aldea global, formulada por McLuhan, las ciudades en las que vivimos nos convierten en actores de una puesta en escena cotidiana, mediatizada y homogeneizadora. Cada espacio urbano se conforma a partir de una serie de calles, a lo largo de las cuales se alinean edificios, dotados a veces de personalidad propia e integrados en un conjunto; en otras ocasiones, como refleja el particular universo de Luís Lanzas, nos encontramos intervenciones impersonales, desafortunadas, distorsiones y contradicciones a la lógica urbanística; la ciudad planificada como el no man´s land de la simulación arquitectónica, la metrópoli vacía de A. Fernández Alba, los no lugares de Marc Augé, acordes con un mundo prometido a la individualidad solitaria, a lo provisional, a lo efímero, al pasaje, al anonimato. El paisaje urbano de Lanzas no hace sino responder a esa visión deshumanizada. La ciudad, territorio de la supervivencia, en palabras del autor, aparece despoblada, despojada, reducida a su mínima esencia.
Interesado en las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías, en particular el medio informático, Luis Lanzas se ve también atraído por la potencialidad de los materiales y los medios industriales, como ponen de manifiesto sus creaciones. Una labor que ha alcanzado ya un significativo reconocimiento, como avalan, en especial, los dos Primeros Premios obtenidos en el XXXVI Certamen Nacional de Arte de Luarca y en el V Premio de Pintura de la Junta General del Principado de Asturias, ambos en 2005.
La fotografía, de la que arranca su proceso creativo, es manipulada digitalmente, introduciendo alteraciones y distorsiones en la imagen. Su mirada se fija sobre espacios, arquitecturas urbanas carentes de identidad, impersonales, que, una vez tratados por el artista, se nos presentan revelan indefinidos, silenciosos, atemporales, inidentificables. Sobre la traza urbana, desnuda y geometrizada, nuestro artista dibuja, sirviéndose del ordenador y dando cabida a un cierto grado de improvisación y de azar, una sucesión de aristas,  unas estructuras modulares básicas. Debemos observar aquí un cambio importante con respecto a su estrategia anterior, donde los trazos, voluntariamente imperfectos, temblorosos, respondían a un trabajo manual y a una voluntad de humanizar el espacio. La intervención manual, en consecuencia, se ve sustituida por la digital, con lo que el componente humano y humanizador se ve conscientemente mermado.
Entablando un diálogo con estas imágenes, Lanzas, nos presenta unas piezas escultóricas, en las que es posible observar, a través de una ocupación espacial, una proyección tridimensional  y plástica de las estructuras modulares, de los cubos, dibujados sobre sus paisajes urbanos. En cercanía a determinados planteamientos situacionistas, en cuanto a la afirmación de un comportamiento lúdico-constructivo, el autor nos invita a través de estas piezas a construir, idealmente, nuestra propia ciudad. De tal modo, Lanzas parece querer decirnos que a través del arte es posible abrir puertas y derribar barreras conceptuales.
De tal modo,  trazando una suerte de camino en el desierto, en el territorio de la deriva, Luís Lanzas defiende la posibilidad, armado de la fotografía, de intervenir, utópicamente, en la ciudad, de ser crítico y político.

 

 


 

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