AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

Por autopistas pictóricas

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Publicado en La Nueva España
Juan Fernández
Un viaje
Pinturas
Del 19 de Octubre al 17 de Noviembre
Galería Nogal
       


 Revolver pictóricamente en el paisaje en los tiempos que corren puede parecer un atrevimiento insólito o un pecado de lesa modernidad. En cualquier caso, se trata de una postura valiente en laque Juan Fernández (Piedras Blancas, 1978) no se encuentra solo, compartiendo los riesgos con artistas como Peter Doig y Maureen Gallace, en la cresta de la ola del renacimiento del género, impulsado por el galerista Saatchi. Buscando afinidades más próximas, encontramos el magisterio del asturiano Miguel Galano, que como una sombra alargada se proyecta sobre los jóvenes pintores que ensayan desbordamientos del paisaje convencional, añadiendo notas de lirismo y ensoñaciones románticas.

Reconociendo estas influencias, Juan propicia con su trabajo una visión diferente, revelando nuevos senderos de comunicación con un tema que parecía agotado pictóricamente. Esta identidad construida mirándose en el otro -en la historia y en lo próximo- alcanzó su mayor intensidad en la exposición «I'll be your mirror» («Seré tu espejo»), enmarcada en el proyecto «Extensiones anclajes» de Laboral. La legendaria canción de Lou Reed entonada a dúo con su hermana Chechu Álava, en la Casa municipal de Cultura de Cudillero, fue un diálogo difícilmente repetible, que exploraba la vinculación emocional entre ambos y reflejaba las huellas históricas que definen su experiencia.

En esta ocasión, el artista emprende, en solitario, un viaje por una autopista, conduciéndonos por un paisaje crepuscular envuelto en niebla que se traduce en una pincelada melancólica de resonancias fotográficas. A las salpicaduras dramáticas -cielos turbulentos, colores apagados- le suceden notas misteriosas, como acontece en las obras que tienen los túneles como protagonistas. En esta pulsión entre los escenarios deudores de un romanticismo exacerbado, con su componente trágico, y aquellos otros de atmósfera hopperiana, surgen momentos realmente memorables, donde la búsqueda de la belleza deja paso al vació y la soledad de la carretera, territorios sin personalidad, lugares ubicuos que definen nuestro tiempo.

Pero en esta naturaleza impregnada de velocidad, los signos ya no revelan una celebración estética, sino los cambios que se han producido al transformarse un paisaje natural en un entorno donde el asfalto, las señales de tráfico, los quitamiedos y los automóviles han sustituido la vegetación y los árboles. Esta nueva narrativa no se reconoce en lo eterno y verdadero, sino en lo efímero y artificial. Por tanto se elabora una nueva sensibilidad, con los intermitentes de un camión que se pierde en la niebla o las luces de un vehículo abriendo la carretera. Son los únicos componentes que humanizan un paisaje que, en ocasiones, se desdibuja, camino de la abstracción.
Ciertamente este viaje resuelto como una secuencia cinematográfica -el pequeño formato apaisado de los cuadros contribuye a esta percepción- es la manifestación de un espíritu nómada, que se mueve entre el fulgor pictórico y la poética del paisaje, transmitiendo sensaciones y respirando emociones.

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