AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Ecos de Otro mar

0 comentarios

Antonio Alcázar.
Galería Dasto, calle San Vicente, 16 (Oviedo). Lunes a sábados, de 17.30 a 21 horas.
Hasta el 27 de octubre.

Publicado en La Voz de Asturias

Es positivo que las galerías asturianas empiecen a reclutar en sus filas a artistas venidos de fuera, no tanto figuras consagradas, y por tanto más evidentes, como a artistas jóvenes o de mediana edad a los que al fin y al cabo se les brinda una oportunidad en una plaza de nivel medio alto como es el ruedo artístico asturiano. Es el caso de la santanderina Arancha Goyeneche con su exposición en la galería Vértice de Oviedo, recientemente clausurada, jóvenes valores como los madrileños David Morago y Carlos Tárdez, a los que se acaba de presentar en la galería Van Dyck de Gijón, o el pintor que hoy nos ocupa, el granadino Antonio Alcázar, que expone por primera vez en Asturias con la galería Dasto de Oviedo.
A cualquiera de ellos su exposición en Asturias les ha de servir sin duda para enfrentarse a públicos distintos a los que están habituados, con lo que eso tiene de bueno para la salud mental y, en algunos casos, de necesaria cura de humildad, sometidos a juicio por espectadores como los asturianos, conservadores, no siempre abiertos a lo de fuera, a lo que no conocen, y que sólo en el caso de estar verdaderamente convencidos de lo que han visto se mostrarán dispuestos a adquirir algunos de sus cuadros, esculturas o fotografías.
De ese control de calidad espontáneo y hasta cierto punto objetivo, debido a la perspectiva que da la distancia y la falta de implicación afectiva, debería salir bien librado el ya citado Antonio Alcázar, que expone ahora en Dasto una veintena de sus obras más recientes, evolución sin discontinuidad de su obra abstracta anterior, caracterizada por el uso de materiales arenosos, el empleo de colores con un cierto fulgor y la estructuración de la obra en partes, dípticos, trípticos o incluso, en su obra última, pequeñas parcelas separadas, incorporadas al soporte principal en madera mediante cuidados trabajos manuales. De la evocación del desierto de Oriente Medio que tan bien conoce ha pasado ahora al asedio del mar que vivió en sus años de estudiante en Almería y que tan familiar debería resultarle también al público asturiano, marinero y montañés. Manuel Romero, su principal valedor y autor del folleto, tira alto y le relaciona con Rayman y Sean Scully, pero a nosotros nos recuerda, más a ras de tierra, a los asturianos O’Donnell, Ramón Isidoro y Simón Gallego.
El buen marchante
El principal intermediario entre un autor desconocido y su público anhelado y anhelante suele ser la galería de arte, que otorga a su obra un marchamo de calidad que no siempre hay que poner en duda. Así como a los escritores no les da igual publicar su libro en una editorial que en otra, pues según lo hagan será distinta la acogida que tengan, a los artistas les interesa estar representados por una galería importante, pues suponen, en buena lógica, que una mayor exigencia, un mayor control de lo que se expone o no, un filtro de buen entendido y zorro viejo acabará repercutiendo en el aprecio que se tenga a su propia obra.
Tampoco les viene mal una buena crítica, en el supuesto de que los críticos de arte fuéramos capaces de realizar una crítica que pudiera ser considerada buena en el amplio sentido de la palabra, o un cierto reconocimiento institucional, a través de una de esas caras exposiciones que pagan ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas o el mismísimo gobierno de España, pero lo que es seguro es que a cualquiera de ellos le convendría más todavía tener el apoyo de un promotor desinteresado, un enamorado de sus pinceles, un apoderado a la antigua usanza, capaz de hacer cualquier cosa con tal de que su protegido salga elegido, premiado, valorado y querido, sin estrategias ni artimañas, sólo con el arte y la verdad por delante.
Es lo que tiene la fortuna de que le suceda a Antonio Alcázar con su fiel Manuel Romero, elegante funcionario del Ministerio Español de Asuntos Exteriores y comisario de la representación española en acontecimientos artísticos del mundo árabe como la Bienal de Alejandría. Desde que Alcázar participó en ella en 1989, creo recordar, y conquistó allí el Primer Premio de Pintura, ha habido entre ellos tal entendimiento que el pintor granadino ha conseguido realizar, de la mano de Romero, un sinfín de exposiciones por aquellos pagos, con individuales en lugares tan apetecibles como Damasco o El Cairo, a través siempre de las distintas sedes que el Instituto Cervantes posee en los países de las mil y una noches. Ahora por fin, después de al menos diez años de intentonas, ha conseguido también exponerle en nuestra exótica Asturias, de lo cual me alegro.

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia