AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Simple belleza simple

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Publicado en La Voz de Asturias
EXPOSICIÓN:  Es sencillamente bello (It’s simply beautiful).
LUGAR: Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, Universidad Laboral s/n (Gijón). Miércoles a lunes, de 12 a 20 horas.
FECHA DE CLAUSURA: 22 de octubre.

 

Desde hace décadas, la facción mayoritaria del arte contemporáneo ha abandonado toda connotación estética positiva, dejando sólo la fealdad como único gesto provocador y principal reclamo publicitario. Siguiendo la máxima de Rimbaud, labrada desde el propio infierno, ha sentado a la Belleza en sus rodillas y la ha encontrado amarga y la ha injuriado sin tregua desde entonces, sin duda como reacción a unos tiempos inmediatamente anteriores en los que se primaba la búsqueda incesante de lo sublime y de la belleza convulsiva. En su desesperada lucha por la autonomía, el arte contemporáneo ha llegado incluso a renunciar a la propia estética y al placer de los sentidos, pensando ingenuamente que así se le podría atragantar a la principal máquina asimiladora, el devorador mercado, sin darse cuenta de que en el fondo le estaba haciendo el juego y fabricándole productos más fácilmente digeribles, al no poder ser contrastados empíricamente por cada uno y quedar sometidos a los dictados de la mayoría, conforme a criterios estandarizados y fuera de toda crítica.
 Laboral Centro de Arte y Creación Industrial presenta, en lo que es su quinta propuesta programática, una exposición que lo que busca precisamente es plantearse la posibilidad de que todavía pueda hacerse un arte bello que haga sentirse mejor al espectador en este mundo caótico y globalizado, mediante los proyectos de cinco artistas internacionales. Es difícil saber si eso es lo que pretendían los comisarios, Peter Doroshenko y Jérôme Sans, del Baltic Centre for Contemporary Art de Gateshead, pero la respuesta que da la exposición es, sencillamente, que no, que ya no es posible. Lo demuestra la mayoría, tres contra dos: ni la machista propuesta en barro de Surasi Kusolwong, ni el triciclo tuneado y sonoro de Dzine, ni el espectáculo boxístico de Fabien Verschaeren tienen nada que ver con la belleza, sino más bien con su cuestionamiento, lo kitsch, transformando lo que debería ser simple belleza en belleza simple, por lo que tiene de convencional. Lo compensan las directas propuestas de Mark Titchner –no tanto el gran mural (en tamaño) del vestíbulo como la en verdad sólida instalación visual de la entrada– y de Carlos Coronas, que todavía cree posible construir castillos en el aire.

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