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Crítica

Antonio Alonso de la Torre García

Arte en Gijón

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Arte en Gijón

Hasta el 9 de diciembre expone en el Museo Barjola uno de los escultores más laureados del panorama español. Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria, 1925) equilibra materia y espacio mientras persigue a través de formas espirales una explicación mítica a la vida. En sus esculturas las fuerzas de la naturaleza, fuego, agua o hierro, parecen mezclarse con el viento. Además se expone una serie de aguafuertes sobre papel con similar temática.

En los últimos años la galería Van Dyck abre su espacio en ocasiones a jóvenes valores del arte contemporáneo. Hasta el 13 de octubre puede verse la fuerza en el dibujo de la inglesa Rebecca Ivatts, las evocaciones florentinas de la gijonesa Virginia López, las irónicas ensoñaciones del madrileño Víctor López, los misterios de David Morago, la delicadeza del también madrileño Carlos Tárdez, la abstracción colorista de Tomás Vaquero y la fotografía inmóvil de Juan Vaquero. Es de suponer que no tardarán en poder exponer de forma individual en este mismo lugar que les abrió sus puertas. En la inauguración otro joven valor, Gala Pérez-Iñesta, mostró sus habilidades con el violín y remarcó aún más esa variedad creativa que preside esta muestra en la que cada joven es reconocible en su personal lenguaje.

El pintor abulense, aunque casi asturiano, Luis Acosta presenta en Gema Llamazares sus “Complementarios” estudios y reflexiones que oscilan entre figuración y abstracción, dibujo y color, norte y sur, riqueza y subdesarrollo... una obra que no deja de evolucionar con mucha coherencia. Puede visitarse hasta el 20 de octubre.

En la Sala 1 del Centro de Cultura Antiguo Instituto puede visitarse una exposición colectiva que recoge una selección de obras de los alumnos del Taller de Grabado de la Universidad Popular.

La sala superior del CCAI la ocupa un año más Arenas Movedizas, organizada en torno a los encuentros internacionales de juventud Cabueñes 07. Muy interesante la propuesta antibelicista de Fuss! con una instalación multimedia que obliga al visitante a una seria reflexión. También resultan interesantes y entretenidas las obras que expone Adelin Schweitzer y curioso el salón hogareño que Orson San Pedro instaló en el mismo espacio expositivo para dialogar y con los visitantes, aunque era fácil encontrar el lugar vacío. Más flojas parecen las historias personales de Pablo Iglesias, la comparación entre artista y súper-héroe sobre la que medita Ángeles Agreda y las impresiones digitales de Íñigo Bilbao. Sucede en este caso algo similar a lo que se puede ver en Laboral, donde se privilegia la herramienta creativa y pierde importancia la esencia artística. De nuevo más vídeo-juegos, propuestas tecnológicas lúdicas y entretenidas para pasar la tarde en familia, pero escasa creatividad.

Sin salir del Centro de Cultura podemos subir a la tercera planta, un espacio no destinado en principio a albergar exposiciones, aunque como tal se ha aprovechado en varias ocasiones. Durante una semana del mes de septiembre acogió una completa muestra de la realidad plástica asturiana. La selección de artistas abarcaba desde ilustres veteranos como Hugo O’Donnell, Paco Fresno, Nel Amaro, Maite Centol, María Braña, Delaida Óvana o Guillermo Menéndez de Llano hasta jóvenes con una trayectoria ya consolidada como Adriana Rodríguez, Rut Álvarez Valledor, Natalia Pastor, Noé Baranda, Juanjo Pulgar, Kso, Pablo Armesto.... que reunieron unas obras que reflexionaban sobre la actual situación de la lengua asturiana. Hay obras que apuntan a la exclusión de la oficialidad en el futuro estatuto de autonomía, al miedo que algunos sienten hacia ella, a su digna presencia entre la gente trabajadora, a su reivindicación desde sectores alternativos...

En un ambiente artístico a veces demasiado competitivo e individualista hay que destacar el hecho de que una amplia nómina de artistas asturianos se solidarice y aúne esfuerzos. En los últimos años pudimos disfrutar en varias ocasiones de circunstancias semejantes. Este tipo de exposiciones suele estar organizado por Ánxel Nava, presente también en ésta como artista y encargado del excelente comisariado y hasta montaje de la misma. Posiblemente estas exposiciones sean un lugar más de resistencia, como tantos que otros que estableció en los últimos años el Bardu Errante, ese personaje creado por Ánxel.

Llama la atención que en el reciente y multitudinario festival intercéltico de Lorient, dirigido desde  este año por el asturiano Lisardo Lombardía, la plástica asturiana estuviera muy bien representada con una exposición similar a la que se comenta. Sin embargo en Asturias no tuvo ningún eco y parece que no podremos verla en ninguna de las salas públicas de nuestra tierra. Los gestores culturales miran a unos lados y marginan otros, como sucedió con la desaparición de la oficina de proyectos artísticos que funcionaba en el Espacio Astragal de Gijón, un espacio que desde su nacimiento debe mucho a los esfuerzos de un Ánxel Nava que parece haber sido apartado de todo lo relacionado con este lugar. Tal vez todo sea un cerco a molestos espacios de resistencia, que a pesar de su modestia mantienen una dignidad que parece irritar a algunos.


 

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