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Crítica

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Jaime Luis Martín

Cohabitación de contrarios

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Publicado en La Nueva España
Pintura
Del 5 de Septiembre al 3 de Octubre
Sala de arte Octógono

Aunque Vladimir (Gijón, 1972), formado como técnico especialista en grabado y estampación en la Escuela de Arte de Oviedo, ya había realizado exposiciones individuales en la Casa municipal de Cultura de Avilés (1999) o en el Ateneo de La Calzada de Gijón (2001), fue el mural «Pasado presente», situado en el espaldón del nuevo puerto de Candás, su trabajo de mayor trascendencia hasta el momento. En esta obra el artista refleja sus preocupaciones pictóricas, convirtiendo las tensiones entre figuración y abstracción en protagonistas del argumento, acompañadas, como bien señala María Elena Palmegiani, de un «efecto lumínico y una sensación de dinamismo». Todo el proceso creativo del mural que se pudo contemplar en el año 2006 en el Museo Antón se situaba en este contexto de fe en la pintura.

Los trabajos que presenta en la galería Octógono continúan esta línea apasionada y de superación de controversias entre arte figurativo y arte abstracto, imponiéndose la presencia del pintor que revuelve entre los escombros rescatando un pálpito pictórico. Los colores son sometidos a fuerzas geométricas que ayudan a su contención e imponen un orden. En algunas de sus obras la pintura se encuentra como embutida en pequeños bloques que pugnan entre ellos convirtiendo la superficie en un campo fragmentado de violento colorido o se expande en grandes manchas cromáticas de contornos netos. En este sentido puede decirse que su pintura se mueve entre distintas sensibilidades, pero siempre impulsada por una vibrante y espesa tonalidad, una sensualidad delicada que trae los aromas de Nicolas de Staël.

Una parte importante de su obra alude al paisaje, una paisaje explorado por sus valores plásticos en detrimento de cualquier referencia a un lugar concreto. Como consecuencia se produce un decaimiento de la representación y un énfasis en los procedimientos pictóricos. Estas representaciones de franjas sinuosas de color sugieren más que definen, sin desvelar un significado concreto pero aproximándose a formas reconocibles, y siempre tratadas con una cuidada composición, alternando los verdes y azules con la calidez de los rojos y amarillos.

Sin duda, una de las características que se repite en la obra de Vladimir es el juego de contrastes. A los ya aludidos podría sumarse la convivencia entre espacios de planitud y los momentos de espesura cromática, por no hablar de las zonas blancas, presentes en sus últimos trabajos, que como cuñas conceden un respiro a la densidad pictórica. Y tal vez sea esta cohabitación de contrarios lo que convierte su experiencia pictórica en un universo de sensaciones tan personal como interesante.

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