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Crítica

Luis Feás Costilla

Un Museo del XIX...

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Publicado en La Voz de Asturias
Pintura asturiana del siglo XIX.
Museo de Bellas Artes de Asturias, Palacio de Velarde, calle Santa Ana, 1 (Oviedo). De martes a viernes, de 10.30 a 14 y de 16.30 a 20.30 horas. Sábados, de 11.30 a 14 y de 17 a 20 horas. Domingos y festivos, de 11.30 a 14.30 horas.
Fecha de clausura: 30 de septiembre.



Con motivo de la presentación del catálogo razonado de su colección de pintura asturiana del siglo XIX, el Museo de Bellas Artes de Asturias ha estado mostrando durante los meses de verano una selección de los ciento cuarenta y cinco cuadros que posee de ese período, primero de esplendor de la pintura regional, en su mayor parte expuestos habitualmente pero muchos de ellos ubicados normalmente en los depósitos del museo, dada la ya crónica carencia de espacio que padece esta honorable institución, a pesar de haberse cumplido ya los veinticinco años de su constitución. De esos ciento cuarenta y cinco cuadros catalogados se muestran en total noventa y cinco, la mayoría de ellos muy conocidos y publicados pero con algunas novedades interesantes, como los paisajes asturianos inéditos hasta ahora del madrileño Vicente Arbiol (1812-1876) o los bodegones de cocina rural del gallego José Polledo (c. 1863-post. 1913), recientemente adquiridos, que demuestran que a pesar de todas las dificultades presupuestarias y de equipamientos el Museo de Bellas Artes de Asturias sigue manteniendo una meritoria política de compras, continuada desde 1980 hasta hoy.
    Entre los treinta y ocho pintores recogidos figuran, cómo no, los más importantes, Fierros, Suárez Llanos, León y Escosura, Álvarez Catalá, Robles, Regoyos, García Sampedro, Uría, Menéndez Pidal, Martínez Abades, Álvarez-Sala y Junquera, a la difusión de muchos de los cuales el museo ha ayudado de forma decisiva, junto a otros menos relevantes como el propio Arbiol, Romea, Fernández Cuevas, Lavilla, Del Castillo, Arboleya, Truan y Otermin. En este sentido, hay que subrayar que el museo ha ejercido con eficacia la tarea que se le ha encomendado, la conservación del patrimonio artístico asturiano, pero eso a veces perjudica a la calidad de lo expuesto, muy desigual, con primeras obras, ejercicios académicos y cuadros de aficionados que tienen mejor cabida en el catálogo razonado, patrocinado por el Colegio de Aparejadores y a cargo del especialista Javier Barón, miembro destacado de ese “equipo de apoyo externo” de que se ufana el director del museo.

...¿Para el siglo XXI?
Al director del Museo de Bellas Artes de Asturias, Emilio Marcos Vallaure, le gusta estar pendiente del más mínimo detalle, ya sea de la cuidada edición, con verdadera pasión de bibliófilo, de todo cuanto se publica en el museo, como esta meritoria y sistemática realización del catálogo razonado de sus fondos (del todo inusual en una institución de sus características, tan carente de medios), o de las distintas actividades que complementan la colección permanente, como la pequeñísima exposición de tan sólo tres obras del pintor santanderino Rogelio de Egusquiza actualmente acogida, con motivo de la representación de Tristán e Isolda de Wagner en el Festival de Ópera de Oviedo. Emilio Marcos Vallaure es un hombre carismático y un personaje exquisito, y por eso resulta tan incomprensible que él, que supervisó la ejemplar restauración de los palacios de Velarde y Oviedo-Portal, sedes actuales del museo, esté dando su visto bueno al más que discutible proyecto ganador del concurso de ampliación convocado por el Gobierno del Principado, tras ocho años de dudas y dilaciones.
    A estas alturas, nadie pone en duda que la ampliación es necesaria y hasta imperiosa, e incluso que la mejor solución sea hacerse sobre los edificios de la calle Rúa que median entre el número 10 y la plaza de la Catedral, pero el proyecto presentado por el arquitecto navarro Patxi Mangado, que por primera vez plantea, eso sí, una solución integral para el conjunto, es superficial en lo arquitectónico y muy agresivo en lo urbanístico, sobre todo en lo que afecta a noble edificio decimonónico que va a ser la nueva puerta de acceso a la pinacoteca, según se puede apreciar en su exposición pública en el Palacio de Toreno. La propuesta que hace Mangado es vaciar por dentro los cinco edificios elegidos y dejar tan solo las fachadas, como haría cualquier pocero con ínfulas urbanísticas, haciendo caso omiso de los elementos arquitectónicos de interés que pudiera haber en su interior y sin plantearse otras posibles soluciones, por ser más trabajosas y menos lucidas y espectaculares. Lo de la doble fachada es por no atreverse a tirar directamente los edificios afectados, catalogados y protegidos, pero la suya es la típica propuesta futurista de tabula rasa y estética bélica que debería poner a Oviedo en pie de guerra

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