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Alfonso Palacio

Laboral: «Extensiones-Anclajes», ¿síntoma o diagnóstico?

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Publicado en La Nueva España

Hace varias semanas que se ha puesto en marcha la segunda fase de «Extensiones-Anclajes», proyecto con el que Laboral Centro de Arte y Creación Industrial pretende, según sus responsables, tomar la temperatura de la creación que se realiza en Asturias. Para esta ocasión los artistas elegidos han sido Dionisio González, Chechu Álava y Juan Fernández, Aurora Suárez, Fernando Redruello, Soledad Córdoba y Carlos Coronas. Los lugares donde cada uno de ellos ha decidido instalar su trabajo son, respectivamente, el Museo Antón de Candás, la Casa de Cultura de Cudillero, la Torre del Reloj de Figueras, el monasterio de Cornellana, la capilla de los Dolores de Grado y la sala de exposiciones de La Caridad. Con el comienzo de esta nueva fase vuelve a situarse en primer plano uno de los debates, a mi modo de ver, más interesantes que en estos momentos animan la política cultural de la nueva entidad.

Efectivamente, «Extensiones-Anclajes» parece ser una de las grandes apuestas del nuevo centro de arte de Gijón, que apenas ha comenzado a dar su primeros pasos entre un inusitado interés. Al menos, así fue el día de su inauguración. La ocasión, a priori, lo merecía: por fin se iba a dotar a la ciudad de un equipamiento, largamente esperado, que la iba a poner a la vanguardia de la creación artística contemporánea. Continuamente se comentaba por aquellos días que Gijón, y con ella Asturias, iban a conectarse gracias a la nueva institución con centros tan importantes como París, Karlsruhe y Linz, donde se habían desarrollado experiencias similares. En este sentido, se nos venía a decir, lo que ocurría es que una pequeña ciudad del norte de España lograba, tras muchos esfuerzos, poner su particular «pica en Flandes», versión antigua de lo que en la actualidad, aunque la expresión tiene ya unos cuantos años de vida, se llama «aldea global». La institución Arte, omnívora por naturaleza, capaz de digerirlo todo, contaba desde aquel momento con un espacio al que, de vez en cuando, dirigir su mirada. Había que estar contentos.

Ahora bien, frente a tanto impulso internacional, el nuevo centro también consideró apropiado desarrollar una reflexión sobre la situación de la creación artística en nuestra región. La decisión, no cabe duda, era arriesgada, pues, en líneas generales, mucha es la distancia que separa el horizonte teórico y estético perseguido por Laboral, decididamente orientado hacia el campo de las nuevas tecnologías, y el que cultiva la mayor parte de los creadores asturianos, incluidos los más jóvenes. De este modo, Laboral Centro de Arte y Creación Industrial se hacía eco, consciente o inconscientemente, todavía no sabemos si como señal de fortaleza o debilidad, entendida esta última en el sentido de concesión hecha a posibles grupos de presión, mecanismo de autolegitimación social, etcétera, de un fenómeno que dada su extensión generalizada se debe considerar ya como un clásico de nuestra época, pues, de hecho, afecta a muchos de los agentes que hoy en día integran el denominado sistema de las artes: se trata de la tensión entre lo global y lo local; algo que Paul Virilio ha definido tan acertadamente mediante el término «glocal» (con su encarnación en el acontecimiento denominado «glocalización»), que, en su opinión, si se formula bien en el terreno de la discusión artística, puede ser objeto de un fecundo diálogo, pero también, si no se acierta, de la peor de las esquizofrenias. En el caso asturiano es toda una institución la que ha decidido abrazar en bloque esta dialéctica. Habrá que dejar pasar el tiempo y ver cómo evolucionan las propuestas para determinar si la apuesta que se ha hecho debe entenderse en clave de síntoma, es decir, de la adopción de una solución que podríamos calificar como de compromiso, o, en cambio, de diagnóstico, es decir, de análisis teórico y formal que se quiere hacer de un determinado debate cultural. Por otra parte, la misma incógnita será la que en el futuro deberá despejar la propia institución: si al final se va a limitar a ser reflejo (síntoma) de una época que ha visto florecer por todas partes centros de arte contemporáneo echados a andar con escasísimo rigor intelectual o, por el contrario, que es lo que todos esperamos, si podrá convertirse en un foro abierto de discusión con capacidad para mostrar (diagnosticar) nuevos caminos en la tan masificada escena del arte contemporáneo.
De momento, lo que hemos podido ver en esta segunda fase de «Extensiones-Anclajes», que es la que hasta el momento viene poniendo esta nota de lo local, se adapta perfectamente al propósito general que anima el proyecto: la revisión de la situación del arte asturiano contemporáneo. Comisariada por Francisco Crabiffosse, la selección de artistas hecha, aparte de buena, posee el indudable valor de haberse fijado en algunos creadores de los que, por haberse ido a vivir fuera de nuestras fronteras, se tiene noticias sólo muy de vez en cuando. Y la verdad es que, cuando recalan por aquí, lo que de ellos puede verse resulta siempre interesante. Éste es el caso, por ejemplo, de Dionisio González, con su serie fotográfica y videográfica dedicada a las favelas de São Paulo y su articulación a modo de una no-arquitectura que puede ser reformulada mediante la puesta en marcha de un conjunto de soluciones habitacionales. De los trabajos aquí expuestos, llama la atención el contraste entre la dimensión «high-tech» de los medios utilizados para su producción y la realidad marginal de la que hablan. También es el caso, en lo que se refiere al regreso de alguien que en su día decidió emigrar, de una pintora como Chechu Álava, quien junto con su hermano, Juan Fernández, hacen del retrato y el paisaje los motivos esenciales de una obra repleta de intimidad y emoción, que debe ser entendida como una suerte de celebración, a modo de diario personal, de aquellos lugares y personas que día a día van marcando su vida. Por su parte, Aurora Suárez despliega a través de los lenguajes más variados toda una serie de propuestas acerca de lo que ella ha denominado «la deconstrucción del deseo a través del filtro publicitario». Aspectos que han vertebrado las «guerras culturales» de los últimos treinta años, como pueden ser las cuestiones de género, la sociedad posthistórica, el multiculturalismo y el capitalismo tienen cabida en una obra de altos vuelos teóricos, y que debe ser contemplada bajo el prisma de la postmodernidad. Muy atento también a la fundamentación teórica de su trabajo ha estado siempre el más veterano de los artistas seleccionados, Fernando Redruello, cuya instalación se mueve entre el registro visual, entendido en clave de juego con el signo, y el objetual, sobre todo cuando éste se practica de manera descontextualizada. A partir de esta tensión, «Sin título / Sin techo», que es el nombre de la instalación, pretende revisar, sin dejar de lado un fuerte componente irónico, la conflictiva relación del ser humano con un espacio a veces tan degradado como es la ciudad. En otro registro, el de la mezcla de lo real con lo fantástico, es en el que se mueve Soledad Córdoba, que hace del extrañamiento y la perturbación dos de los ejes principales de su propuesta artística para «Extensiones-Anclajes». En ella el espectador asiste al desarrollo de una suerte de belleza convulsa, que combina artificio y naturaleza, y que es propia de esos territorios mágicos u oníricos, instalados en un tiempo y espacio abstractos, que a esta creadora tanto le gusta frecuentar. Finalmente, Carlos Coronas hace de la luz, concretada en tubos de neón, el objeto de su reflexión, de cierta orientación ambientalista, y en la que puede hablarse de una inteligente combinación de pintura, escultura y arquitectura. Los tres medios se encuentran en continuo tránsito, deshaciéndose de los límites que los encorsetan. Así, la obra, más allá de su fuerza desmaterializadora, se convierte en toda una reivindicación acerca de las enormes posibilidades que puede tener el fenómeno creativo, concebido como una totalidad de experiencias tanto intelectuales como sensoriales que el espectador debe saber asimilar.
Por último, si adecuada es la selección de artistas, también lo es la de los espacios propuestos y, por supuesto, la decisión de sacar estas experiencias del contenedor nodriza de la Laboral, orientado hacia otras líneas de trabajo. Ahora bien, en «Extensiones-Anclajes» el factor espacial debe tener un valor primordial, ya que por él pasa buena parte de la identidad del proyecto en general y de las distintas experiencias en particular, al menos si se quiere dar credibilidad a esa presentación como «site-specific» que se hace de éstas en el catálogo que se ha publicado. Un «site-specific» es un proyecto creado para un lugar concreto, a partir del diálogo que el artista entabla con él. De la actuación del creador sobre ese espacio, siempre activo, se consigue una reorientación o recodificación del mismo, que lo reenvía o abre hacia nuevos significados. Quizás para próximas ediciones se les debería exigir a los artistas un mayor compromiso con este requisito, pues hay algunos casos en los que la propuesta se ha quedado en un interesante, aunque yo pienso que un poco limitado para lo ambicioso del proyecto, acontecimiento museístico. Además, desde la fidelidad a esta exigencia redefinitoria, planteamientos tan centrales en la teoría crítica y práctica artística contemporáneas, y que quizá podrían convertirse en futuros objetivos de esta experiencia, como la relación entre arte y territorio, el «mapeado» que se puede hacer del mismo, la reflexión en torno a un concepto tan interesante como es el de la ubicación de la producción artística y, por último, la consideración del artista (y con él, la del crítico) como una especie de antropólogo o etnógrafo, que a partir de un fuerte trabajo de campo, busca la reconciliación entre la teoría y la práctica, podrían quedar, a escala asturiana, perfectamente delimitados.

La tarea es muy compleja, pero ya se han dado los primeros pasos para intentarlo.


Alfonso Palacio es profesor de Arte de la Universidad de Oviedo.

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