AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Música para los ojos

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EXPOSICIÓN:  Marcos Morilla. Fotografías.
LUGAR: Galería Durero, calle Covadonga, 26 (Gijón). Lunes a sábados de 17.30 a 20.30 horas.
FECHA DE CLAUSURA: 14 de julio.

Publicado en La Voz de Asturias

Si se escucha el segundo movimiento (Allemande) de la Partita n º 2 BWV 826 de Johann Sebastian Bach cuya audición se recomienda en el catálogo de la exposición de Marcos Morilla en la galería Durero de Gijón, enseguida se perciben las afinidades entre la música del compositor alemán y la obra del fotógrafo gijonés, lo bien que se acoplan. La composición para clavicémbalo de Bach es de una sencillez exquisita pero calculada, que esconde una complejidad no ostentosa a la que sólo puede acceder alguien que está a punto de alcanzar su plena madurez, superados los cuarenta años y con cientos de partituras a sus espaldas. Salvando las distancias, se podría decir lo mismo de la aparente simplicidad de las fotografías de un Marcos Morilla en plena posesión de sus facultades, con veinte años de oficio a cuestas como uno de los fotógrafos profesionales más reputados de Asturias y miles de disparos realizados como notas de una melodía todavía inacabada pero aun así muy hermosa.
 Tras pasar por varias y diversificadas etapas, en las que el modo era lo más importante y el resultado buscado no se conseguía sino a través de laboriosos procesos de recomposición y reescritura, en los últimos años el procedimiento se ha depurado y reconducido hasta conseguir unos efectos delicadísimos, en los que ya no hay falsas oposiciones entre arte y técnica, naturaleza y artificio. Sus actuales fotografías de luz crepuscular, que tienen su origen en aquella con la que ganó el XXXV Certamen Nacional de Arte de Luarca, en 2004, captan limpiamente un entorno íntimo, cercano y familiar, allí donde puede expandirse su inquieta hija Rita, entre casas encaladas y prados bien venteados, aunque también (¡cuidado!) en la proximidad de un bosque umbrío o un mar siempre presente y un tanto amenazante. El tiempo de exposición largo les confiere a las imágenes una suerte de dinámico impresionismo, en el que el usual carácter estático de la fotografía, debido a su condición intrínsecamente instantánea, se transforma en una imprevista danza congelada, silenciosa y en movimiento, al son de una música no oída pero que gracias a la sugerencia del catálogo se conoce. La ola que rompe se convierte en metáfora (la espuma de los días) y, aunque la baja intensidad de la luz hace que las formas se difuminen y confundan, todo se percibe con una claridad que asombra y sin necesidad de malgastar recursos.


LAS TESIS DE NANCY
Hablando de fotografía, estaría bien dar así mismo un par de pinceladas (o mejor, en este caso, un par de fogonazos o flashazos) sobre la exposición de Nancy Fernández Pérez en la Sala Borrón de Oviedo, formada básicamente (además de por dos instalaciones lúdicas y bien trabajadas, un top-mantel de grandes éxitos y una composición con bolsas de compra que suben, bajan y se rebajan) por las diecinueve obras de su serie fotográfica Muybridge Fashion, que es por la que desde la comisión seleccionadora del Instituto Asturiano de la Juventud se decidió a apostar por esta joven creadora, técnico superior de fotografía artística por la Escuela de Artes de Oviedo y diplomada en diseño gráfico por la Escuela Superior de Artes del Principado de Asturias.
La exposición expresa muy bien cuáles son las tesis de Nancy, refrendadas por su profesor Miguel Carrera, autor del texto del folleto. En lo que se refiere a lo formal, en primer lugar una preferencia por el color virado, en tonos llamativos (verdes, rojos y amarillos) que de hecho son los que han servido para ordenar la exposición, y en segundo lugar la presentación concatenada de las imágenes, en secuencias que no suponen en sí mismas ningún estudio de movimiento, a pesar del explícito homenaje al británico Eadweard Muybridge, y tampoco son estrictamente narrativas ni cinematográficas, aunque sí teatrales y ficticias, para lo cual ha tenido que contar con la colaboración de sus mejores amigos, que no han dudado un segundo en entrar en el juego.
En cuanto al contenido, el tema de la serie es, según su propio nombre indica, lo fashion, la moda, tratada entre la ironía y la subyugación. Si, en la novela de Ramón J. Sender, Nancy se dedicaba a investigar la jerga folclórica andaluza y se acababa enamorando de un joven gitano machista, en esta exposición Nancy Fernández se dedica a analizar el folclore consumista y no se sabe muy bien si acaba seducida por él. De todas maneras, lo que consigue es una propuesta muy refrescante, casi pop, pero no de los años 60, en el sentido del Leonard Cohen al que evoca el título de la exposición, sino más bien pop de los años 80 y 90, más nuevaolero, a lo Alaska y los Pegamoides o Almodóvar, de horror al hipermercado y, al mismo tiempo, de fascinación por él.

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