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Juan Carlos Aparicio Vega

Borrón, veinte años más tarde

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La Sala Borrón fue modestamente inaugurada en enero de 1987 adaptando el local que había sido bar de la Casa del Estudiante, ubicada en un inmueble proyectado por Ignacio Álvarez Castelao y Francisco Saro y que contaba con ornamentación del desaparecido escultor José María Navascués. La primera sede de esta sala dedicada a la promoción de los artistas jóvenes residentes en Asturias, se encontraba  en la ovetense calle de Calvo Sotelo y compartía espacio con las oficinas dedicadas a temas de juventud del gobierno autonómico, luego agrupado bajo la denominación de Instituto Asturiano de la Juventud, del que depende en la actualidad.
En un principio, la sala de exposiciones carecía de una línea clara, pero sería a partir de 1990 cuando comenzara a acoger y producir la denominada Muestra Regional de Artes Plásticas, reflejando desde entonces las directrices de la creación joven asturiana. Sólo la madrileña Sala Amadís (1960) del Instituto de la Juventud ha superado en longevidad y continuidad a Borrón.
Un momento brillante en la trayectoria de este espacio promocional coincidió con la conmemoración del décimo aniversario del mismo, ocasión para la que se mejoró el local expositivo, alcanzando una gran dignidad y una amplitud que le llevó a tener más de 170 m2 de superficie, a estar mejor iluminado y, en definitiva, a actualizar sus instalaciones. Así, se organizó desde octubre de 1997 a febrero de 1998 una importante muestra repartida en tres partes (Pintura-Grabado, Escultura-Instalaciones y Fotografía) bajo el título genérico de 10 x 10. Diez años de Arte Emergente en Asturias y comisariadas respectivamente por Javier Barón, Francisco Crabiffosse y Jorge Alonso Molina. Esta galería promocional contó  casi desde sus inicios con el constante apoyo de la funcionaria María José Baragaño, ayudada por el crítico y comisario independiente Francisco Crabiffosse Cuesta.
Tras dos décadas de actividad y un buen número de exposiciones individuales y colectivas en las que se ha podido ver la producción última de muchos artistas luego imprescindibles para entender los caminos de la creación contemporánea en Asturias, en noviembre de 2006 se inauguró la actual sede de la Sala Borrón en un remozado y más reducido local de la céntrica calle de General Yagüe, también en Oviedo. La presentación del nuevo escenario coincidió con la decimoséptima edición de la Muestra de Artes Plásticas, en la que se continúa con la línea marcada anteriormente. No obstante, esta época concuerda igualmente con una reducción del número y calidad de las exposiciones de arte emergente en la comunidad asturiana, salvo notables excepciones muchas veces promovidas por entidades y galerías privadas. De este modo, es destacable la escasa programación de muestras de este tipo producidas desde los departamentos culturales de los más importantes ayuntamientos asturianos, que cuentan sin embargo con una mayor infraestructura y presupuestos que antaño. Igualmente, la desaparición de la importante Bienal Nacional de Arte Ciudad de Oviedo (1976-2000) supone la cada vez más escasa posibilidad que los creadores locales tienen para mostrarse en foros apropiados.
En definitiva, ahora que acaba de abrir sus puertas en Gijón LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, dirigido por Rosina Gómez-Baeza, hubiera sido bueno que estuviera algo más arropado, en un contexto en que sobran locales y faltan buenas programaciones. Al comienzo de la década de los años noventa, con menos presupuesto y mayor acierto, el panorama del arte contemporáneo asturiano era mucho más brillante que en la actualidad.

 

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