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Crítica

Maria Elena Palmegiani

Negro profundo

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En las paredes de la Galería “Dasto” se puede observar, hasta el 10 de julio, la exposición personal de Francisco Casariego, cuyo nombre artístico es “Nigro” (Oviedo, 1919).
Ingeniero de profesión, este pintor asturiano, llegado a la pintura en edad madura, nos propone un conjunto de obras abstractas que brillan por la esencialidad y la pureza del concepto. El uso reiterativo del color negro (“Nigro” significa “negro” en esperanto) ancla estos trabajos en sensaciones ancestrales y de fuerza primitivista. Los trazos que estructuran los lienzos con fuerza y mano decidida, recuerdan las formas de la cotidianeidad, como cúpulas o ventanas: el pintor nos pone delante de aquellos símbolos que nos son familiares, como los matemáticos (><) o los geométricos, retomándolos en forma de líneas y sintetizándolos en sus pinturas.
Pinceladas de diferente grosor se alternan, a veces, a seños caligráficos que inciden el color; otras veces el acrílico se hace transparente. En el conjunto, estas pinturas contundentes desvelan la atención al gesto, cuya fuerza estructura la superficie y cuyo entramado crea volúmenes y sensación de profundidad. La construcción de este espacio es el fruto de la mente racional de un ingeniero que no descarga en el lienzo su rabia, sino nos traslada, a través de la metáfora de la pintura, su concepto de orden en relación al desorden. Primitivista, como he dicho antes, e instintivo en la intuición, sin embargo racional y concreto en el resultado plástico, sus pinturas no remiten al caos, sino al cosmos, a un orden intrínseco y escondido. Y es desvelando su concepto, estrictamente personal, de orden donde nos encontramos con el pintor.
Una visita al MOMA de Nueva York en los años cincuenta deja en la memoria de “Nigro” el recuerdo de dos artistas americanos del expresionismo abstracto: Franz Kline, cuya obra de los años cincuenta hace referencia a la caligrafía japonesa, y Robert Motherwell que, con sus amplias superficies de color negro, transmite fuerza y vitalidad. Los dos artistas dejan una marca profunda en él que no olvida lo aprendido, sumando estas inquietudes diferentes y paralelas: el grafismo de Kline, por un lado, y la expresividad e intensidad del color de Motherwell.
 “Nigro” reinterpreta estos discursos alcanzando un lenguaje personal y complejo que deja constancia de su espirito sereno y equilibrado. El uso esencial de los colores que, en cada pintura se limitan a lo indispensable, es necesario para un dialogo directo e inmediato con las profundidades del negro; el resultado es un todo armónico que recuerda el orden primigenio.
 
http://www.nigro.asturias.com/

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