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Crítica

Luis Feás Costilla

Escultura a buen resguardo

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Publicado en La Voz de Asturias
EXPOSICIÓN:  La Escultura en Norte 4.
LUGAR: Salas, distribuida por la Casa Palacio Valdés Salas, la plaza de la Iglesia, la plaza de la Campa, la Torre de Valdés Salas y la plaza del Ayuntamiento.
FECHA DE CLAUSURA: 14 de junio.

 

“La Escultura en Norte” presenta este año, en su cuarta edición, significativas novedades. Bajo el comisariado esta vez del arquitecto Salustiano Crespo Rodríguez, secretario de la entidad organizadora (la activa Asociación Cultural “Salas en el Camino”), este ya consolidado encuentro artístico, el más notorio en lo que a escultura se refiere de cuantos se celebran en Asturias, muestra por primera vez obra de escultores extranjeros, el portugués Luis Afonso y los británicos Paul Crabtree y Hannah Sofaer, que se unen a los representantes de otras comunidades autónomas (en esta ocasión Amancio, Golli, Josep Massana, Pep Fajardo y Tono, procedentes de León, Galicia y Cataluña) y a los ya habituales escultores asturianos, cuya representación ha quedado reducida a dos nombres, el casi desconocido Álvaro Álvarez Díaz y el veterano y cada vez más adulto Fernando Alba.
 Como siempre, las esculturas se muestran en la calle, repartidas en distintos espacios públicos del bien conservado casco histórico de la villa de Salas, como colofón de un congreso sobre rehabilitación sostenible del patrimonio cultural, si bien en esta edición la dispersión ha sido menor debido a que cuatro de las piezas han tenido que ser trasladadas al interior de la Casa Palacio Valdés Salas por seguridad. De todas maneras, quedan al aire libre las esculturas de Golli (en la plaza de la Iglesia), Luis Afonso (en la plaza de la Campa), Tono y Fernando Alba (bajo la Torre de Valdés Salas) y Paul Crabtree y Hannah Sofaer (en la plaza del Ayuntamiento).
En un primer momento, a mediados de marzo, todas estaban sin embargo en la calle, ordenadas según el material utilizado en la realización de la pieza: madera (en la plaza de la iglesia, con obras de Amancio, Álvaro Álvarez y Massana), hierro (en torno a la Torre de Valdés Salas, con esculturas de Fajardo, Tono y Alba) o piedra (en la plaza de la Campa, con las tallas de Golli, Luis Afonso y Paul Crabtree y Hannah Sofaer). Porque esta es la otra gran novedad de esta edición de “La Escultura en Norte”: por vez primera, la ejecución de las obras se ha realizado sobre el terreno, durante quince días, a la vista del público en general y en especial de la gente del pueblo, que no ha dudado en acoger a los artistas y, cuando ha sido necesario, ofrecerles un caldito.
MAESTROS Y DISCÍPULOS
La actuación en directo de los participantes en esta cuarta edición de “La Escultura en Norte” ha servido, por ejemplo, para volver a demostrar la increíble habilidad del leonés Amancio, bien conocido en Asturias, capaz de extraer en un santiamén de un trozo de castaño una figura colosal, un Sísifo dichoso o un Atlas patético, con una expresividad tal que hay que empezar a creer a Miguel Ángel, el artista del renacimiento, cuando decía que la forma estaba escondida dentro del bloque en el que trabajaba y que él lo único que hacía era quitarle lo que le sobraba hasta que esa forma se manifestaba. En este sentido, también han resultado de gran interés las intervenciones de Golli, el portugués Luis Afonso y los británicos Paul Crabtree y Hannah Sofaer, que han trabajado con denuedo contra la más dura piedra, a contrarreloj y bajo la más adversa intemperie, si bien ha sido el asturiano Fernando Alba quien ha demostrado que no es necesario dejarse las manos en el esfuerzo y que a veces es preferible tener una poética, con la que conseguir, de unas simples chapas oxidadas de hierro, la construcción de un espacio simbólico verdaderamente hermoso, de vestigios milenarios y con una increíble capacidad de sugestión, que vuelve a señalar al escultor asturiano como un gran maestro.
 Seguro que han aprendido mucho de él los vecinos de Salas, aunque, para discípulos, los que ha tenido el pintor lenense Jesusangel, cerca de cuatrocientos, que han pasado por el Grupo Salinas de Pintura durante los últimos treinta años, un aniversario que se celebra con una gran exposición conmemorativa en el Palacio de Valdecarzana de Avilés en la que intervienen sus mejores alumnos, cuya calidad habla a las claras de la validez de su magisterio. Maestro en solitario, sin seguidores ni imitadores, es por el contrario el siempre original pintor Kiker, que acude a su cita anual con la galería Van Dyck de Gijón con una nueva remesa de sus obras gótico-grotescas, dedicadas esta vez a Nueva York, que combinan la pintura con la escultura en un alarde de ingenio y creatividad que se extiende a un maravilloso libro facsímil recién editado y no se agota con la sola exposición, a la que él se ha permitido no acudir y yo todavía no me he atrevido a ver.

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