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Jaime Luis Martín

Laboral, un centro de arte y tecnología

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Publicado en La Nueva España

No hay comunidad autónoma que se precie que no tenga un museo o un centro de arte contemporáneo en su catálogo de maravillas culturales. Sin embargo, Asturias parecía la excepción en esta carrera desbocada por hacerse un hueco en la modernidad. La inauguración de Laboral vino a paliar esta situación, respondiendo más que a un agravio comparativo a una necesidad. Necesidad de contar con unas infraestructuras como las que ofrece este Centro de Arte y Creación Industrial, con 17.000 metros cuadrados correspondientes a los antiguos talleres de la Universidad Laboral de Gijón, reformados para su utilización como espacio multidisciplinar. La acertada intervención arquitectónica consigue hacernos olvidar el carácter fascista que impregna todo este edificio diseñado por Luis Moya. Y necesidad, también, de una revuelta estética que agitara el conservadurismo artístico asturiano, apostando, sin miedo, por un proyecto con las nuevas tecnologías como referente, aun a sabiendas de los temores que suscita y de los riesgos que conlleva una propuesta de este tipo. Pero vivimos en un siglo condicionado por lo tecnológico y no podemos trabajar con criterios estéticos de otra época, ni limitar una modernidad que tiene en lo digital una de las claves esenciales de su identidad. Y lo cierto es que con esta apuesta se conquista un espacio con una identidad propia y diferente de los centros de arte de nuestro entorno.
El programa inaugural de exposiciones resulta complejo, extenso y con la calidad suficiente para atraer a un público que busque más allá de la primera impresión que producen la acumulación de artefactos y el despliegue tecnológico, los aspectos conceptuales, estéticos y críticos de muchas de las propuestas. Y «Feedback», la muestra estrella, «explora las nuevas narrativas surgidas en las sociedades digitales conectándolas a un contexto histórico, e invitándonos a un recorrido por los primeros ejemplos de la creación cinemática y "Op art" a los planteamientos reactivos de la televisión y el cine», como señala Christiane Paul, una de las comisarias de la muestra. El relato que va desde los inicios del siglo XX con el «Modulador Espacio-Luz» de László Moholy-Nagy y los «Rotorrelieves» de Marcel Duchamp hasta el joystick gigante de Mary Flanagan ilustra el impacto de las tecnologías en el arte y, como consecuencia, el cuestionamiento de las nociones clásicas de autoría, producción y distribución.

«Gameworld», la otra exposición elegida para inaugurar este espacio, tiene un formato muy diferente a «Feedback». Menos didáctica y más interactiva, recorre los aspectos expresivos, sin olvidarse de los comerciales ni de los críticos, reconociendo que los videojuegos representan una de las prácticas culturales con más penetración social de los últimos años. Y algunos como los incluidos en el apartado «Digital Game Canon» forman parte de los territorios de ficción virtual más recordados, influenciando con su estética y su narratividad, el arte, la literatura y el cine. Los artistas que trabajan en el mundo del videojuego lo hacen con una envidiable y sana anarquía, modificando el código, hackeando conocidos juegos o experimentando con las percepciones sensoriales o como el colectivo «0100101110101101.org» realizando retratos de «avatares», personajes hechos a medida por sus creadores que habitan en mundos virtuales «on line». La exposición refleja una verdad incuestionable: lo virtual modela cada vez con mayor intensidad nuestro imaginario real.
Las diez obras expuestas en «LAB Ciberespacios» fueron seleccionadas en la primera convocatoria internacional que promueve el Centro. La mayoría, con un sesgo político y crítico, representa los proyectos más arriesgados, no exentos de una frescura digital que se agradece tras el impresionante recorrido previo. Algunos artistas cuestionan el propio medio o plantean formas distópicas asociadas al futuro ciberespacial mostrando los riesgos de la red, así el estadounidense Jonah Brucker-Cohen conecta a la pared de la sala un martillo perforador controlado a través de su página web. Cuanto más nos conectemos mayor es la grieta que se abre en el espacio físico. O la ironía de Aaron Koblin, quien presenta un mural formado por miles de dibujos de ovejas realizadas por trabajadores «on line» a cambio de 0,02 dólares. Más comprometida resulta la propuesta de «hackitectura.net»  vinculada a los flujos territoriales, la militarización, las migraciones, comunicaciones y creación de redes sociales en torno al Estrecho.

Fuera de Laboral, un paisaje de artistas asturianos salpica la geografía del Principado. La muestra «Anclajes-Extensiones» desconecta de los planteamientos del Centro para recorrer la periferia de la región con «el deseo de presencia e integración y de diálogo fluido», según se expresa en el concepto de la muestra. Pero lo que encontramos son microrrelatos artísticos distantes y sin conexión. Ninguna trama que los cohesione, si acaso un circunloquio repetido en otras ocasiones para explicar lo que habitualmente acontece a los artistas asturianos. A saber, siempre se quedan fuera de la movida. Y están demasiado acostumbrados a recorrer los exteriores, a pesar del interés de muchas de sus propuestas que bien pueden dialogar, sin complejos, en otros ámbitos y con otros creadores. Ya es hora, por tanto, de ensayar otras fórmulas.
En este sentido, reconociendo el acierto en la orientación del Centro y el impacto mediático que acompañó su inauguración, alcanzando una proyección internacional, su supervivencia va a depender en gran parte de su arraigo en el territorio, lo que no implica una visión volcada en lo local, pero tampoco tan aldeana como para preferir exclusivamente lo foráneo. Pero, a pesar de estas pequeñas fisuras, no cabe duda de que Laboral, Centro de Arte y Creación Industrial puede considerarse un proyecto que apunta personalidad y solidez.
 


 

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