AJIMEZ ARTE

Crítica

Jaime Luis Martín

Una experiencia gozosa

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Guillermo Simón
Océanos de Nocturnidad
Pinturas
Del 16 de Marzo al 14 de Abril
Galería Amaga


En una reciente entrevista Guillermo Simón (Villaviciosa, 1968) expresaba su interés por “esas escenas de lo sublime que provienen de una naturaleza observada, filtrada por la intuición” y reconocía en sus últimos trabajos las influencias, entre otras, de la Escuela del río Hudson, concretamente de pintores como Thomas Cole y John Martin. Realmente su pintura camina hacia un pluralismo propio de estéticas post-históricas, aquellas que según Danto permiten “proseguir el arte de la pintura del modo que quieran y bajo el imperativo que deseen, sólo que esos imperativos no se basan más en la historia”. En el caso de Guillermo, pintor con una magnifica técnica y un alto grado de exigencia pictórica, hay un elegante deambular por referencias románticas pero sin alejarse demasiado del expresionismo abstracto, un territorio donde todavía es posible encontrar poéticas de indudable potencial dramático. Este amplio caudal ha marcado las pautas de su lenguaje, una dicción sometida a momentos de gran intensidad, sensibilizada con la materia y ensimismada en lo acuático.

En este sentido la mar se vuelve una obsesión pictórica en la que lleva años enredado, explorando ese entorno en las muestras que tuvieron lugar en la Galería Espacio Liquido (2004), Galería Fruela (2005) o en el Museo Sivori de Buenos Aires (2006). Y en “Océanos de nocturnidad” profundiza en esa línea, adquiriendo un nuevo compromiso con el espacio, desplegando un vitalismo del que surge una agitación irrefrenable, turbulenta, cargada de materia que habla de la pasión corporal, de la convicción que mantiene en la actividad. Estas tensiones contribuyen a crear un gesto audaz, una cierta sensualidad física y cromática, además de sensaciones táctiles y una armonía sedimentada en los contrastes de color. Son cuadros que esbozan campos de energía, vibraciones que más allá de los restos ornamentales consiguen sacudir la mirada, impregnarla de esa violencia que desprende la naturaleza.

En otras obras de pequeño formato las aguas turbulentas dan paso a una serenidad sólo interrumpida por ritmos entonados con delicadeza, una ceremonia en la que apagados los esplendores y los arrebatos lumínicos queda una nocturnidad salpicada de destellos blancos. En estas imágenes el pintor revuelve por lugares diferentes a los acostumbrados, buscando subjetividades más próximas al silencio y una superficie más atemperada. En estos escenarios el color deriva hacia la oscuridad, facilitando el olvido de excesos tonales. Se acentúa el lirismo, entendido como invocación poética, que siempre estuvo presente en su obra suavizando las rudezas expresionistas. Emoción, belleza y sensibilidad son términos aplicables a sus trabajos y que el artista reclama para entablar un dialogo con el espectador, una intensidad comunicativa.

Guillermo Simón mantiene sus fidelidades pictóricas,  dejándose arrastrar por las mareas y sacudir por las tormentas, a la espera de esa imagen desconocida que le entregue el sentimiento y la poética que él pone en todos sus cuadros. Entretanto alcanza ese ideal nos regala estas pinturas, una experiencia gozosa.

Publicado en La Nueva España   

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