AJIMEZ ARTE

Crítica

María Elena Palmegiani

Bernardo Sanjurjo, forma y poesía

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Bernardo Sanjurjo (Barres, 1940) presenta sus pinturas en Oviedo, en la Galería Vértice. La exposición se ha inaugurado el día 22 de marzo y se quedará en las salas 0 y 1 hasta el 28 de abril. Como era de esperar, la obra del artista asturiano es sensible y sutil, rica de texturas y envolvente, además, las paredes blancas de la Galería, hacen lucir plenamente las pinturas y dan el protagonismo merecido a colores y matices.
Después de doce años sin exponer en Oviedo, el pintor vuelve con fuerza presentando los trabajos que le han ocupado durante los últimos tres años y lo hace ofreciendo una visión interior de las formas. La forma en su estado puro, el principio y el fin, flotan en un espacio indeterminado, acercándose y, a veces, alejándose del observador, el cual subyace callado a los movimientos telúricos y burbujeantes de las superficies, sorprendido por un pasaje, un fragmento, capturando el instante, el hic et nunc. Arenas movedizas nos llevan hacia lo inestable y lo eternamente lento, de manera inexorable nos encontramos con el alma del pintor: Sanjurjo nos muestra la parte más íntima de sí y nos enseña a mirar las entrañas de forma poética.
La materia se mueve libremente expandiéndose en el espacio y recreando paisajes abstractos enriquecidos por el color intenso y los diferentes matices que ya no son el fruto de una acción. Las expresivas salpicaduras del pasado han dado el paso a contornos cada vez más definidos, el instinto ha sido suplantado por el sosiego, el ruido por el silencio o, quizás, por una serena melodía. El pintor procede por capas de color, trabajando pausada y metódicamente, hasta alcanzar el punto de saturación que desea y hasta que no surjan siluetas perfectas; sobrepone momentos como notas, las cuales, enlazadas las unas con las otras, forman una melodía tranquila y suave.
El resultado de esta labor compleja y paciente, de inspiración oriental, son pinturas, muchas de ellas de gran formato (200 x 122 cm.), en las cuales se aprecia, antes de todo, la riqueza plástica de los colores y de los matices: negros y blancos, rojos y azules, verdes y grises, cuadros en los cuales el pintor juega con las mismas gamas cromáticas y otros en los cuales sobrepone gamas diferentes. Tonalidades, algunas, intensas y vibrantes, que no chillan sino se integran en un todo armónico, estructurado por partes complementarias. Superficies de color compacto se imponen a fondos velados y transparentes, ocultando el grosor de la tela, áreas de color mate dialogan con zonas más brillantes.
En virtud de esta complejidad cromática y plástica se pueden apreciar los volúmenes de las formas, los cuales hacen resaltar la profundidad del espacio.
El parangón que Pedro de Silva, autor del texto del catálogo de la exposición, hace entre la materia que nos presenta Sanjurjo en esta serie de obras y las células, me parece muy apropiado, en efecto, algunas pinturas parecen reproducir el momento de la separación celular, una mitosis, como si el artista, en su sensible visión de la vida, observase los cambios a través de un microscopio.  
Un homenaje a la materia, diría yo, sin intervenir realmente en ella, sino partiendo de la pintura, óleo sobre tela; una reflexión sobre la forma, que sienta sus raíces en una composición sabiamente afinada. 

  

 

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