AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

ARCO: nueva dirección, nuevo rumbo

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FERIA: Feria Internacional de Arte Contemporáneo Arco 07.
LUGAR: Pabellones 7 y 9 del Recinto Ferial Juan Carlos I (Madrid). Abierto de 12 a 21 horas.
FECHA DE CLAUSURA: 19 de febrero.

 

Aunque la actual directora de Arco, Lourdes Fernández, ha considerado la presente edición como de transición, en espera de que el traslado el año que viene a nuevos pabellones del recinto ferial de Ifema suponga una obligada reordenación de espacios y por tanto de contenidos, la verdad es que ya se han empezado a notar los cambios que la nueva dirección ha impuesto en la feria internacional de arte contemporáneo de Madrid: en primer lugar, una mayor internacionalización, con más de dos tercios de la feria ocupados por galerías extranjeras, y, en segundo lugar, y quizá más importante, una mayor profesionalización, que amplía el número de días dedicados a los especialistas y coleccionistas y reduce la asistencia del público en general y da prioridad a los patrocinadores frente a la participación de instituciones públicas, con lo que se disipa en parte la ambigua condición entre bienal y feria de arte que siempre se le había achacado a Arco.
La consecuencia –no deliberadamente buscada– de esta intervención es la apuesta decidida este año por los nuevos formatos, que hacen cada vez más tenues las diferencias entre los pabellones 7 y 9, anteriormente adscritos con una cierta y quizá innecesaria rigidez a las vanguardias históricas y al arte más actual, respectivamente. Esta apertura a la experimentación, que insólitamente equilibra la pintura y la fotografía y deja en un segundo plano al vídeo, aunque no a la instalación, también tiene sus efectos en los programas paralelos, reunidos este año bajo dos únicos epígrafes, Proyectos y La Caja Negra/The Black Box, que generalmente solían funcionar por contraste pero que este año aparecen disueltos en un magma mucho más compacto y coherente, en el que apenas destacan el chamán beuysiano de Eugenio Ampudia con Max Estrella en el primero y el cinematográfico juego de espejos de Christoph Girardet y Matthias Müller con Distrito Cuatro en el segundo.
Junto a presencias indiscutibles como las de las galerías Elvira González y Soledad Lorenzo, u otras como las de las galerías Juana de Aizpuru y Helga de Alvear, que nadie se atreve a poner en cuestión, a las que se unen ofertas tan dispares como las de las consolidadas 1900-2000, Jan Krugier o Salvador Díaz, entre otras muchas, el refuerzo de la feria viene proporcionado de todas maneras por la obra de ciertos artistas magníficos


PONER UNA PICA EN ARCO

No hay por qué quejarse. De las 271 galerías que participan en la nueva edición de Arco, primera dirigida por Lourdes Fernández tras dejarlo Rosina Gómez Baeza para ocuparse de la dirección del centro de arte de La Laboral, sólo 81 son españolas, y entre ellas está al menos una galería asturiana, Espacio Líquido de Gijón, lo que no es mucho pero resulta más motivo de orgullo que de queja. Es cierto que hace apenas unos años llegó a haber hasta tres galerías asturianas participando en la feria, pero los controles se han vuelto cada vez más rigurosos y tiene no poco mérito haber pasado la criba y poder aprovechar así una oportunidad única en el mercado del arte español, participar en una feria de arte contemporáneo que está considerada entre las más dinámicas del mundo y que cada vez se muestra más profesionalizada y con mayores niveles de venta. Esta es la tercera vez que Espacio Líquido participa en Arco, tras participar en 2005 con un proyecto individual del artista Pelayo Varela que le abrió las puertas a la galería completa, que en 2006 se convirtió, casi sin quererlo, en la única representante asturiana en la feria. La verdad es que supo aprovechar su oportunidad, y por segundo año consecutivo se le ha ofrecido la ocasión de mostrar una selección de los artistas que trabajan con ella, que, según los cánones establecidos, son casi a partes iguales artistas locales y artistas de fuera. Así, junto a los asturianos Avelino Sala, Chechu Álava, Tomás Miñambres, Rebeca Menéndez, Cuco Suárez o el equipo artístico PSJM, una de cuyas intervenciones les sirvió el año pasado para amenizar la inauguración, están también la finlandesa Aino Kannisto y el lituano Mk Kähne, que ya participaron el año pasado y a los que este año se han unido la mallorquina Amparo Sard, la francesa Orlan y el holandés Eelco Brand, de más reciente adscripción. Son en total once artistas, que conforman un stand quizá demasiado aséptico pero que sin duda suscitará el interés de los críticos y de los coleccionistas, pues esconde tesoros que no pueden pasar desapercibidos. Este año, descuellan las estupendas serigrafías bordadas de Rebeca Menéndez, quizá demasiado ocultas al fondo del stand, la intervención tanto objetual como en vídeo de Avelino Sala, que deja bien a las claras que es peligroso jugar con fuego, y sobre todo las imágenes infográficas de Eelco Brand y el trabajo al punzón sobre papel de Amparo Sard, que ha supuesto el primer éxito de ventas de la galería gijonesa en lo que va de feria. Avelino Sala, además, participa con su revista Sublime en el espacio reservado a las publicaciones internacionales, del que incomprensiblemente ha desaparecido la revista A minima, que este año tuvo que dejar de editarse en Oviedo para hacerlo en Barcelona.
A pesar de que a veces se olvida, en esta feria de galerías también es posible encontrar a los artistas y en este sentido también hay que citar a artistas asturianos como los ya habituales Pelayo Ortega, en la galería Marlborough de Madrid, y Manuel Rey Fueyo, en la galería Cánem de Castellón, ambas en el pabellón 7, donde también es posible encontrar, en la galería Jan Krugier, al conmovedor artista ovetense Luis Fernández, uno de los principales pintores españoles de la Escuela de París, con una preciosa y delicada rosa en un vaso pintada hacia 1950 sobre tabla que alcanza los 200.000 euros, lo que casi dobla su cotización hasta el momento. Por último, también aparece el nombre del fotógrafo José Ferrero en el stand de Ars Fundum, que este año presenta en Arco su colección, si bien su fotografía no está colgada estos primeros días sino que espera en el depósito a que también le llegue su oportunidad.

DEL LEJANO ORIENTE

No son ya sólo los nombres de Picasso o Francis Bacon, que este año tiene en la galería Marlborough el cuadro más caro de Arco, de un precio superior a los siete millones de euros, o de otros artistas nacidos en las primeras décadas del siglo pasado y cuya valía ha sido contrastada suficientemente por el paso del tiempo y las sucesivas variaciones de criterios, sino que incluso empiezan a serlo artistas nacidos en torno a 1940, como el escultor Richard Serra, este año presente en Carreras Múgica de Bilbao y en otras galerías de la feria, en lo que es la consolidación –quién lo iba a decir– no sólo estética sino en el mercado del minimalismo, o el pintor de origen irlandés Sean Scully, que este año presenta sus nuevas piezas tridimensionales en Carles Taché.
A través de estos y otros artistas, cuyos nombres se repiten a lo largo y a lo ancho de toda la feria, como hilo conductor por el que guiarse y no perderse, uno puede hacerse la composición de cómo va evolucionando Arco, en la que surgen, sí, artistas nuevos, pero cuyos nombres acaban incorporándose a ese listado de artistas escogidos, que se va conformando paulatinamente, sin prisa, como confirmación de un estado en el que apenas hay sitio para la sorpresa. Si uno acude año tras año a la feria, los artistas que se remarcan en rojo suelen acabar siendo siempre los mismos, lo que puede ser motivo de regocijo, pues en el caso de los artistas fallecidos sería ocasión para el descubrimiento de obras desconocidas, o simplemente para el disfrute de obras no disponibles hasta el momento, y en el caso de los artistas vivos para el seguimiento de una obra en constante evolución, siempre cambiante, pero a veces también hace que cunda el desánimo o el hastío, puesto que en un mercado conservador la novedad siempre es, paradójicamente, el mejor mecanismo de venta.
Por eso es bueno que se sigan manteniendo actuaciones como la de invitar cada año a un país extranjero, si puede ser desconocido y cuanto más lejano mejor, que sirva para animar la fiesta y renovar el ambiente. Este año el país invitado ha sido Corea del Sur, que a través del comisariado de Jung-Wha Kim ha puesto a disposición del público español el trabajo de catorce galerías de ese país asiático, en el que parece darse una buena disposición para la cerámica y el kitsch, esto último sin connotaciones despectivas.

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