AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Paco Nadie, Plural y Singular

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EXPOSICIÓN: Paco Nadie. 4ª persona del singular.

LUGAR: Centro Cultural Cajastur Muralla Romana (Gijón). Martes a sábados, de 12 a 14 y de 18 a 21 horas.

FECHA DE CLAUSURA: 2 de abril.

 

Escribe Borges que, en el principio, Dios era los Dioses (Elohim), plural que algunos llamaron de majestad y otros de plenitud y en el que se ha creído notar un eco de anteriores politeísmos y una premonición de la doctrina instaurada en el Concilio de Nicea de que Dios es Uno y Trino. Elohim rige verbos de singular y, pese a la vaguedad que el plural sugiere, es un nombre concreto, que en otros pasajes de la Biblia se llama Jehová Dios. El sujeto de las locuciones divinas es indiscutiblemente Alguien, pues lo definen rasgos humanos y tiene una presencia corporal y varios títulos que varían con el paso de los años: Fuerte de Jacob, Piedra de Israel, Soy El Que Soy, Dios de los Ejércitos, Rey de Reyes. En los primeros siglos de nuestra era, los teólogos habilitan el prefijo omni, antes reservado a los adjetivos de la naturaleza o de Júpiter, que hace de Dios un respetuoso caos de superlativos no imaginables. Juan Escoto formula entonces una doctrina panteísta: las cosas particulares son teofanías y detrás está Dios, que es lo único real aunque no sabe qué es, “porque no es un qué, y es incomprensible a sí mismo y a toda inteligencia”. No es sapiente, es más que sapiente; no es bueno, es más que bueno; inescrutablemente excede y rechaza todos los atributos. Juan Escoto, para definirlo, acude a la palabra nihilum, que es la nada: Dios es la nada primordial de la creación ex nihilo, el abismo en que se engendraron los arquetipos y luego los seres concretos. Es Nada y es Nadie, pues así se define lo que es más que un Quién o un Qué.

En este sentido, resulta elocuente que el artista extremeño Francisco Torres Carretero haya escogido, para su revelación en Asturias, donde reside, presentarse bajo el pseudónimo de Paco Nadie, y que además haya titulado la exposición que ahora recala en Gijón, tras haber pasado por los Centros Cajastur de Mieres y Avilés, como 24ª persona del singular. La exposición hace un repaso por su corta pero exitosa carrera y muestra a un artista múltiple, plural, al que sobre todo le interesan los procesos degradantes de la carne, los discursos sobre lo inútil y el siempre divino anonimato.

EXPIACIÓN ANIMAL

No es habitual, y por eso hay que celebrarlo, que coincidan exposiciones de dos grandes de la pintura asturiana en Madrid, ciudad que, hoy por hoy, sigue siendo el centro artístico del país, por mucho que se haya multiplicado la fuerza centrípeta de las periferias. Pelayo Ortega, encima, viene reforzado por el éxito de su reciente exposición en Nueva York, también con la galería Marlborough, por lo que su presencia en Madrid es, por así decirlo, la confirmación y el testimonio de su creciente reconocimiento internacional, si bien la exposición madrileña está compuesta en su mayor parte por obra nueva, no exhibida en la ciudad norteamericana, que sin embargo está detrás del jazzístico título de la exposición, A Love Supreme, invocación no casual del saxofonista John Coltrane, uno de sus músicos preferidos. Como novedad más importante aparece el interés creciente del pintor por los por los temas religiosos, hasta ahora no tocados.

Ha llegado el tiempo de la expiación, y si no que se lo pregunten al estupendo Ricardo Mojardín, que por extraño que parezca todavía no tenía galería en la capital, debido quizá a la sorpresa que produce su obra inclasificable. El salto, de todas maneras, no ha resultado ser para él demasiado grande, pues su exposición, que se clausura mañana, la ha realizado con la galería Fruela, que como todo el mundo sabe es un reducto asturiano encapsulado dentro del multicultural ambiente madrileño. De hecho, no ha tenido apenas eco en los medios de comunicación de Madrid, a pesar de que el texto del catálogo está firmado por Juan Manuel Bonet y la exposición es otra graciosa e irónica vuelta de tuerca en su bestial recorrido transmigratorio, que pasa en un santiamén de los hermanos primates a las vacas lecheras, como trasunto de aquellos que no meditan sino que rumian.

 

Publicado en la Voz de Asturias el 24 de marzo de 2006

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