AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Jaime Luis Martín

Hablar en nombre de los que no pueden

0 comentarios

Publicado en La Nueva España

Gervasio Sánchez
Antología
Lunes y martes, cerrado.
Desde el 13 de marzo hasta el 15 de junio
Hall del Auditorio
Centro Nimeyer

En la presentación del catálogo de la exposición "Laocoonte devorado. Arte y violencia política" (2004) que incluía una serie de grabados de "Los desastres de la guerra" de Goya con unas fotografías periodísticas de actuaciones violentas, se señalaba que "si Goya es la historia y lo universal, el fotoperiodismo es lo actual y lo local".

Resulta inútil ponerse a discutir a estas alturas si el fotoperiodismo es arte cuando el arte se ha vuelto gaseoso y lo impregna todo. Y en el caso de Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959), Premio Nacional de Fotografía 2009, poco le interesan estas cuitas, cuando desde 1984 ha venido cubriendo la mayoría de los conflictos armados, haciendo suya la cita de Albert Camus: "Debemos comprender que no podemos escapar del dolor común, y que nuestra única justificación, si hay alguna, es hablar mientras podamos, en nombre de los que no pueden".

La memoria que Gervasio Sánchez construye se erige contra el poder y la barbarie, revisando nuestro pasado y presente, mostrando lo que han ignorado los ojos porque ya se han acostumbrado al horror; y como indica Muñoz Molina en el prólogo del libro-catálogo "Antología" "casi tan asombrosa como la capacidad humana para hacer daño es la capacidad humana para no verlo".

El peligro de la visión "voyeurista" en la que pueden caer los fotógrafos de guerra la contrarresta Gervasio Sánchez con una implicación en el conflicto, en una militancia contra la miseria, en un jugarse la vida, soportando las visiones del infierno, los cadáveres mutilados, la proximidad de la muerte, sabiendo que "sin una visión política de las fotografías de los mataderos de la historia -escribe Susan Sontag- serán muy probablemente resentidas como simples, irreales o desmoralizadoras".

Pero conviene revisar el concepto de denuncia, de compromiso, cuando lo "bello" y la plasticidad, que, a partir de los años noventa fue ganando terreno en obra de Gervasio Sánchez, tienden a desplazar el espanto de lo fotografiado, la visión crítica, cuando el exotismo y lo cultural solapan la denuncia. Estos riesgos, la estetización del dolor, sólo es posible aplacarlos mediante el compromiso del fotógrafo, un compromiso sin ambigüedades que evite una utilización y distribución de las imágenes como un consumo de estos tiempos que erosiona nuestra sensibilidad pero pospone nuestro compromiso.

La muestra se resiente de lo inadecuado del espacio expositivo pero su fuerza, la desolación que transmite, la honradez del trabajo, la denuncia, sin concesiones, de la injusticia y el espanto, los veinticinco años vividos en los más diversos conflictos, su compromiso ideológico, esa mirada a la injusticia, a la sin razón y a la muerte cara a cara, hacen de esta exposición una cita ineludible para reencontrarnos con los que perdieron la vida y la esperanza en América Latina (1984-1992), con los asesinados en Los Balcanes (1991-1999) y África (1994-2004) cuya sangre todavía se derrama sobre nuestra conciencias, con los amputados en las Vidas Minadas (1995-2007) que no muestran su desesperación sino restos de dignidad y con los Desaparecidos (1998-2010) en diez países de tres continentes, también en España, que esperan, todavía, en las cunetas encontrarse con los suyos, recuperar su nombre. Si nos queda un rescoldo de mirada no contaminada por el folclore de imágenes que nos invade resulta obligatorio ver estas fotografías, los rostros de los que no tienen voz, a los que nunca queremos escuchar, los perdedores de todas las historias.


Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia