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Crítica

Imagen

Jaime Luis Martín

Una belleza sin opulencias

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Publicado en La Nueva España

 
 
Sara García
Del 20 de septiembre  al 10 de noviembre
Centro de Escultura Candás, Museo Antón
 
 
 
Plinio el Viejo definía a los artistas que decoraban las casas de los romanos con naturalezas muertas como «pintores de las cosas vulgares, de basura, de porquerías». La última exposición de Sara García (Gijón, 1983), Premio Asturias Joven de Artes Plásticas 2009 y licenciada en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra, que gira en torno al bodegón, pero resuelto de manera poco vulgar, muy al contrario apostando por el riesgo de forma encomiable, nos remite a la permanencia de la naturaleza muerta en nuestros tiempos pero transformada radicalmente.En este sentido cabe recordar el conocido vídeo «Still Life» (2001) de Sam Taylor-Wood que ilustra los modos de adaptación a los cánones manteniendo la simbología pero innovando las formas. Pero Sara, que ya se aproximó a este género clásico en la muestra «Marisco, limones y melones» (Tenerife, 2008) y en algunas obras de la exposición «No queremos que pienses que somos felices» (Sala Borrón, 2010), construye la imagen partiendo de las teorías del historiador Norman Bryson quien habla de tres niveles de representación en la naturaleza muerta: lo real, lo simbólico y la técnica. Y revuelve en la «Xenia», una categoría pictórica descubierta en Pompeya semejante a las naturalezas muertas, y en los conceptos de «rhopografía» -lo insignificante y trivial- ligado a «megalografías», que hace referencia a las leyendas, los dioses y los héroes.


El bodegón representa lo humilde, los alimentos, lo domestico pero a nivel simbólico nos trae el paso del tiempo, el vacío y la plenitud, lo misterioso, la presencia conectada a la desaparición, la muerte, el silencio, el instante, los sentidos que se avivan, el teatro de las futilidades. Pero también se nos plantean, al igual que en el Barroco, las preocupaciones por la representación, su sentido, qué significa representar.Algunos trabajos de Sara vacían la imagen de cualquier exceso, como ocurre en el vídeo con la mesa de madera y el mantel a medio extender, de una belleza sin opulencias, situada la escena entre dos tiempos pero parada en su finitud. «Presentar ligeras modificaciones de una misma imagen, vaciar un escenario, aislar elementos o combinarlos -escribe Sara García- son algunas de las estrategias visuales que utilizo con la intención de generar una extrañeza producida por el vacío o la ausencia de elementos y suscitar una reflexión sobre lo que no esta presente visualmente, sobre aquello que ocultamos o no dejamos ver».


Este pensamiento desemboca en una serie de imágenes fragmentadas que abarcarían desde objetos encontrados, pinturas de tazas y copas, los motivos decorativos de la vajilla, utensilios de cocina, que articulan distintos instantes y remiten a aquello que no esta presente pero que en cualquier momento puede aparecer. Por otra parte el bodegón sonoro que presenta deviene como una de las propuestas más interesantes de la muestra. Una voz femenina nos habla de cómo recoger higos, de un suelo salpicado de castañas, de las cerezas agrupadas en una cesta y las uvas rebosando jugo; describe a una liebre colgada en la pared con la panza abierta en canal y a diez patos y el mismo numero de gansos de carnosas pechugas, a las que acompañan un dulce vino que nos embriaga. Consigue, en definitiva, que ensalivemos la mirada que se nos llene la boca de imágenes con un relato que nos envuelve entre alimentos, sensaciones y sensualidades, una manifestación de la naturaleza muerta que nos sigue sacudiendo con su misterio.

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