AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

El concepto de lo táctil

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Charo Cimas
A 1.100º
Hasta el 14 de Octubre
Galería Amaga

La cerámica sigue presente en el arte contemporáneo. Despojada, por las nuevas generaciones de artistas, de su carácter utilitario, menos preocupados por la materia y la forma, se inserta en un discurso plural. Y sin renuncia al peso de lo popular aparece un paisaje expresivo propio que atrapa el presente estética y reflexivamente. Ai Weiwei con su instalación en la Sala de Turbinas de Tate Modern de sus millones de pipas de porcelana pintadas a mano o rompiendo la copia de un jarrón de la dinastía Han para denunciar el acoso a que se encuentra sometido el patrimonio de su país por presiones turísticas, escenifica los nuevos usos de la cerámica, más ligados al concepto que a lo táctil.
Y la obra de Charo Cimas (Avilés, 1964), formada en la Escuela de Cerámica de Avilés y la Escuela de Arte de Oviedo, participa en estos escenarios especulativos, sirviéndose de la fotografía para documentar sus performances, como sucedía en el Museo Antón de Candás, con piezas que abandona a su suerte en el territorio y que representan para Fernando Castro Flórez "la búsqueda de una temporalidad estética diferente de la convencional". Pero además renueva en esta muestra su compromiso con el geometrismo, sus coqueteos con el land-art, sus roces con el conceptual, sus aproximaciones a la técnica del assembleges, que alejan sus trabajos del decorativismo para situarlos en territorios donde se valora el proceso sin despreciar la carnalidad del barro.
Cuando se cumplen treinta años de su primera exposición en la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés y con obra en colecciones como el Museo Sargadelos en Lugo, Museo de arte de Kaouchung en Taiwán y el Museo de Bellas Artes de Asturias, entre otros, Charo Cimas sigue buscando nuevos recorridos para la cerámica, con el mismo entusiasmo y la misma emoción que en sus comienzos. En las últimas piezas se produce una dualidad entre lo artesanal (el modelado, la cocción, los churros) y la intensificación del concepto en las fotografías de lugares que forman parte de los recorridos de su pasado, con las superficies mordidas para abrir un espacio donde acoger sus piezas cerámicas minimalistas, propiciando un diálogo entre diferentes lenguajes. Esta distinción entre lo popular y lo culto se funde a altas temperaturas para ofrecer un producto actual resultado de una dialéctica creativa que no renuncia a la hibridación con otros materiales como la madera ni a la disposición de la piezas a modo de instalación, propiciando jugar con el espacio.
Pero, también, están presentes narrativas vegetales, arquitecturas cilíndricas, lo gestual y la experimentación, lo escultórico y lo artesanal, lo objetual y lo conceptual, todo un recorrido por distintos términos que amplían los registros de la cerámica consiguiendo algo esencial en toda creación: la comunicación. Y en esta exposición, al igual que ocurría en la muestra en la galería Gema Llamazares, explora un lugar fronterizo, entre el tacto y la emoción, entre lo manual y lo procesual.


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