AJIMEZ ARTE

Crítica

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Alfonso Palacio

Arte Español Contemporáneo 1960-2011

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Colección Sidercal Minerales S. A.
Del 18 de Abril al 23 de Mayo de 2013
Casa de Cultura de Pola de Siero


La colección de arte contemporáneo de la empresa Sidercal Minerales S.A.  es una de las más importantes que hay en Asturias. En este sentido, su compromiso con lo mejor de la pintura y escultura de nuestro país llevadas a cabo en los últimos años del siglo XX y primeros del XXI es un hecho claro
a la vista de la presente muestra. Por ella desfilan obras de maestros incontestables del arte moderno español pertenecientes a distintas generaciones.
Un primer grupo de artistas sería el conformado por una serie de pintores a los que podríamos bautizar como figuras clave de nuestra modernidad, como sucede con Esteban Vicente, José Guerrero, Pablo Palazuelo, Antoni Tàpies y Joan Hernández Pijuan. Los dos primeros serían importantes representantes
de una abstracción próxima en su día a la de los expresionistas norteamericanos, a quienes frecuentaron en el Nueva York de mediados del siglo XX, muy atenta en su caso a la experimentación con unos campos de color más o menos saturados en función de sus distintas trayectorias.
También abstracto, aunque en este caso más ligado a la elegante y a veces hermética geometría, sería el trabajo de Palazuelo, autor de cuadros que, aparte de pintados, parecen haber sido también construidos y cincelados, debido a la potente sensación de fuerza y energía que se desprende de ellos.
Su arte, además, tiene en ocasiones una fuerte impronta musical y una honda
resonancia espiritual.
Por otro lado, otro discurso abstracto, pero en este caso más de cuño gestual, tachista y matérico, es el que protagonizaría las obras de Antoni Tàpies, siempre tan escuetas y franciscanas desde el punto de vista de su resolución cromática, y atentas a captar y alcanzar por esa vía el máximo grado de interioridad posible. Un “yo interior” que sería el origen de la pintura del único artista asturiano representado en esta muestra, Bernardo Sanjurjo, creador de una obra abstracta, en la que el color parece funcionar como única vía de expresión de aquello que resulta inefable. Esta sensación también se alcanza a través del meditado ejercicio de contemplación que conlleva siempre la observación de la obra de Hernández Pijuan, ejemplo de su inclinación hacia la materialización de esa “pintura pintada”, despojada y sensual al mismo tiempo, llena de delicadeza y sensibilidad, que siempre persiguió
este artista catalán.
A esas figuras, más o menos tutelares de nuestro arte contemporáneo, habría que sumar, además, los nombres de Antonio Saura y Luis Feito, representados cada uno de ellos en la exposición con un lienzo, y que fueron protagonistas en su día desde sus planteamientos abiertamente expresivos o cromáticamente informalistas de uno de los momentos claves de la renovación del arte español contemporáneo, como fue el nacimiento del grupo El Paso en 1957. La fuerte impronta plástica del primero encuentra muchas veces su contrapunto en el refinamiento y exuberancia colorista del segundo.
Y también, dentro de este primer núcleo, habría que incorporar, por último, al propio Luis Gordillo, autor realmente poliédrico, creador de un universo personal realmente singular y defensor, en todo momento, de la experimentación con la forma y el color, que se convirtió, junto con el ya citado Guerrero,
en uno de los grandes referentes para la joven generación de pintores españoles que irrumpió con fuerza en la década de 1980.
Esta última constituye otro sector importante de la exposición, con la presencia en ella de artistas tan significados como José María Sicilia, José Manuel Broto y Miguel Ángel Campano, que fueron en aquella época y siguen siendo en la nuestra destacados cultivadores de una pintura-pintura en la
que se constata un profundo equilibrio entre la expresividad y el lirismo. En la misma casi siempre es el juego con los medios plásticos el que se erige en principal protagonista de los cuadros, que se resuelve, para el caso de los tres artistas citados, en la reflexión en torno a factores como la levedad y
el peso de la materia pictórica, la direccionalidad y velocidad con la que ha sido aplicada la pasta, la superposición o reducción al máximo posible del número de capas, la interacción entre los distintos campos cromáticos, más vivos o apagados, la predilección por la mancha o el gesto, etc.
Por otro lado, la dimensión citacional y apropiacionista de una parte importante de la pintura realizada en los últimos años, y que entronca con esa inclinación hacia la lectura casi siempre ahistórica de un pasado que puede ser remoto o cercano, y que puso de moda la postmodernidad, se encuentra muy bien representada en las obras expuestas de artistas como Soledad Sevilla, con su guiño al suprematismo de Kazimir Malévich, y Juan Uslé,
quien convoca a través de su cuadro al maestro de la geometría y el color Josef Albers. Mientras, los interesantes trabajos de Jorge Galindo y Jaume Plensa serían buenos ejemplos de otros itinerarios y poéticas por los que ha avanzado la creación española en este tiempo. En su caso, el primero de ellos apuesta por una especie de pop sucio, con referencias a las operaciones de conexión y desconexión de la realidad, al mismo tiempo que de cuestionamiento y redimensión de la misma, que supone el uso de una técnica como el collage, y con guiños a los medios de comunicación, a los años cincuenta del pasado siglo, a lo kitsch, a lo camp y a la exuberancia del color. Todo lo contrario a esto último es lo que propone, en cambio, el trabajo de Plensa, que se nos presenta atravesado por una expresividad y
un dramatismo próximos por momentos al paroxismo.
Finalmente, la exposición reúne cuatro excelentes esculturas representativas de otros tantos lenguajes y materiales artísticos, que van desde el constructivismo en acero de Palazuelo, incorporados en una pieza que atiende a los mismos criterios de sobriedad y fuerza de su obra pictórica; pasando por la interpelación al organicismo en forma de macla arcillosa de Eduardo Chillida, de quien se exhibe una de sus características y compactas lurras; y continuando por la alusión a la naturaleza y al cauce de los ríos de la obra marmórea de Eva Lootz, escultora austriaca aunque asentada desde hace décadas en nuestro país, y que ha hecho de las minas, de los metales y de los minerales horizontes muy fértiles de su creación. La muestra se remata con el guiño metálico y futurista, algo high-tech, a mitad de camino entre la escultura y la instalación, que ofrece la nube de Íñigo Manglano-Ovalle.

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