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Crítica

Fernando Rubiera Morollón

Invertir en ciudad = invertir en personas

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El error de gastar en edificios singulares para atraer actividad económica en vez de hacerlo en artistas e investigadores

Publicado en La Nueva España


La compresión de las dinámicas sociales y económicas que se producen dentro las ciudades es cada vez más precisa gracias a los avances producidos en el estudio multidisciplinar del fenómeno urbano. Sociólogos, juristas, geógrafos, economistas, ingenieros y arquitectos, entre otros, coinciden cada vez más claramente en sus análisis, aunque aporten perspectivas tan diferenciadas como enriquecedoras. En la literatura internacional sobre el estudio de las ciudades hay dos temas que han experimentado un extraordinario desarrollo en los últimos años gracias a la aplicación de estas perspectivas multidisciplinares: las ciudades como motor de la creatividad y las ciudades como fuente de ahorro y eficiencia energética.

Richard Florida, profesor de Economía Urbana en la Universidad de Toronto, puso sobre la mesa hace unos años el concepto de la creative class (la clase creativa): artistas, escritores, músicos, actores... que se concentran en ciertas ciudades, en ciertos barrios, a los que imprimen unas dinámicas creativas que hacen despegar y desarrollar las potencialidades de toda la comunidad. La idea no es en absoluto nueva, ya fue perfectamente desarrollada en los años sesenta por Jane Jacobs e incluso modelizada económicamente en los ochenta por, entre otros, Edward Glaeser. Pero Richard Florida ha sabido hacer de ello una idea fuerte en torno a la que se agrupa un número amplio de investigadores de todo el mundo con creciente influencia en la política económica.

París, Londres, Nueva York... son sin duda ciudades creativas. También lo son nuestras dos principales metrópolis: Madrid y Barcelona. Las ciudades que, como éstas, logran aglutinar artistas diversos generan unas dinámicas que se transmiten a todos los sectores y las hacen atractivas para la localización de actividades económicas aparentemente no vinculadas con el arte. Más o menos conscientes de ello, las ciudades medias se afanan en hacerse un hueco en el selecto club de ciudades creativas. Pero ¿cómo impulsar la creatividad en una ciudad media como Valencia o Bilbao? Y si ya es difícil en ciudades que tienen un tamaño mínimo suficiente... ¿cómo hacerlo en ciudades pequeñas como Oviedo o Gijón? En ese afán desesperado por señalizarse en el mundo del arte y la creatividad, y tras el éxito, único e irrepetible, del Guggenheim en Bilbao, todas las ciudades han apostado por invertir en grandes infraestructuras icónicas de la cultura, pensando que si se tenía el tejado aparecería la casa. Pero no. Sólo leyendo algunas referencias básicas de la investigación urbana concluiríamos que hay un único modo de impulsar la creatividad artística de una ciudad: invertir sostenidamente en las personas, los creativos, los artistas, y tener mucha paciencia porque el proceso es lento. En nuestras ciudades hay compañías de danza y teatro, grupos jóvenes de música, artistas plásticos... que sólo necesitan pequeñas ayudas y pequeños espacios donde desarrollar y mostrar su creatividad. A ellos un gran edificio icónico les es completamente inútil.

La otra apasionante línea de investigación multidisciplinar abierta en torno a las ciudades es la idea de la ciudad como gran fuente de ahorro y eficiencia energética. Geoffrey West, físico teórico y director del Santa Fe Institute, estableció con gran habilidad la conexión entre las ciudades y la eficiencia energética. Tampoco su idea es nueva, pero en sus trabajos logra integrar mejor que nadie la física, la biología, la ingeniería y la economía. En los últimos años se está extendiendo con gran éxito el concepto de la smart city (la ciudad inteligente). Como concepto nuevo que es, aún no tenemos claro cómo definir exactamente una smart city, pero una ciudad inteligente se identifica fundamentalmente con aquellas que haciendo uso de los avances tecnológicos alcanzados logran usar la energía y los recursos naturales con extraordinaria eficiencia.

Nuestra vecina Santander se ha convertido en la primera ciudad española y una de las primeras del mundo en establecer un sistema de monitorización completo de la vida urbana. Es la primera smart city de España, un laboratorio vivo de 180.000 personas, aquí... junto a nosotros. Ello ha sido posible gracias al apoyo dado al grupo de investigación en Ingeniería Telemática de la Universidad de Cantabria, liderado por el profesor Luis Muñoz. Nuevamente una inversión en personas, no en grandes infraestructuras. Conozco amigos aquí, en Asturias, que se afanan en hacerse un hueco en la industria de la iluminación LED o en otros campos de la industria asociada a la eficiencia energética y es reconocida la calidad de investigación en Ingeniería de la Universidad de Oviedo. Hay amplia base en Asturias para ser una smart city o una smart region.

En definitiva, si algo nos esta enseñando el estudio de los fenómenos urbanos es lo importante que es invertir en personas. Invertir en ciudadanos creativos e inteligentes, que son los que lideran el proceso de hacer las ciudades creativas e inteligentes.

Fernando Rubiera Morollón Coordinador del Laboratorio de Análisis Económico Regional de la Universidad

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