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Crítica

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Javier Ávila

Monstruos híbridos

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“Avatares”
Laramascoto Colectivo
Galería Gema Llamazares. Gijón
Hasta el 5 de Mayo

Existen una serie de artistas que han iniciado hace tiempo un tipo de obra híbrida, de investigación sobre espacios fronterizos, entre territorios digitales y analógicos, sin la necesidad de renuncia a ninguno de ellos e intentando construir un discurso de validación mestiza, piezas de Enrique Radigales o Fernando Gutiérrez nos hablan de esta actitud, de la misma manera que lo hacen las propuestas de Laramascoto Colectivo, formado por Beatriz Coto y Santiago Lara, que presenta en la Galería Gema Llamazares los resultados del trabajo del último año.

Pequeñas piezas o avatares donde tienen igual peso los soportes tecnológicos privados de sus carcasas, mostrando su interioridad, uno de los grandes aciertos de estas obras, y los trazos directos sobre el muro. Pequeñas y sutiles animaciones que completan las intervenciones realizadas directamente en la sala, seres mecanicistas como “Lady Ciborg” que conjugan por igual la poética del dibujo y la delicadeza de las animaciones plasmadas en las pequeñas pantallas.

Al fondo de la sala quizás encontramos la pieza más ambiciosa y con mayor presencia, “El pacto de las luces”, un gran dibujo muy próximo a la estética que en la sala superior nos muestra el propio Santiago Lara en su faceta puramente pictórica, que convive con una proyección animática de resortes móviles que completan una escena llena de extrañeza y de quietud contenida, de una acción que puede suceder en cualquier momento.

Frente a argumentos más o menos interesados, de todo hay, en los que se ha arremetido una y otra vez contra las nuevas tecnologías en defensa de disciplinas más tradicionales, en un intento de justificación de su validez basada exclusivamente en ello, en la tradición, en la historicidad de una pintura que nadie duda ha sido el vehículo generador de la iconografía a lo largo de los siglos, pero cuyo valor no radica en la técnica sino en el relato, sin nada que contar no se puede sostener ninguna obra independientemente del soporte utilizado, encontrarnos con obras de la rotundidad y limpieza como las expuestas en esta ocasión, ayudan a desmontar estas críticas, las más de las veces basadas más en el desconocimiento y un interés propio que en argumentos sólidos.

Avatares es una buena ocasión para acercarse a obras frescas y bien construidas, y olvidarse de alguna que otra tontería.


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