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Víctor del Río

Ejercicios de elasticidad

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Publicado en El Cultural
Realidad elástica
LABoral. Los Prados, 121. Gijón. Hasta el 8 de septiembre.

Realidades elásticas es la nueva exposición de LABoral, resultado de un proyecto de colaboración en el que intervienen Le Fresnoy Studio National des Arts Contemporains, el prestigioso centro de producción francés, y el Contemporary Art Center (CAC Vilnius), de Lituania. Esta entrega se enmarca en un programa de mayor alcance denominado Más allá de la exposición: nuevas interfaces para el arte contemporáneo en Europa, financiado por el Programa Cultura 2007-2013, y que suma la colaboración de Fundación Telefónica. Se despliega, además, en una serie de seminarios y residencias que son el trasfondo de las investigaciones cuyos resultados podemos ver en la exposición. Desde el punto de vista del papel de LABoral, es francamente esperanzador que reúna tantos objetivos deseables en el ejercicio de las funciones del centro, como el apoyo a proyectos experimentales de jóvenes artistas, la creación de una red de instituciones de alcance internacional y la reinterpretación de los modelos expositivos desde una perspectiva investigadora.

Por ello, vale la pena ver la exposición con interés y contextualizar los resultados desiguales que presentan los participantes. De ellos, podemos destacar la obra de creación sonora de Zahra Poonawala (Ginebra, Suiza, 1983), una instalación de altavoces móviles capaces de crear una inmersiva atmósfera que se adentra en la abstracción musical. También la de Joachim Olender (Anderlecht, Bélgica, 1980), titulada Tarnac. Le chaos et la grâce, 2012, en la que se recrea de modo narrativo y ficcional la trama en torno al caso del grupo anarquista de Tarnac en una combinación de vídeo pseudodocumental y simulación 3D. Por su parte, la obra de la brasileña Maya Da-Rin (Río de Janeiro, 1979) aporta una reflexión sobre la geolocalización y la búsqueda de grietas en un sistema panóptico global. Otra de las obras destacables es la enigmática estructura de Théodora Barat (Melun, Francia, 1985), Dead End, 2012, un montaje con una calculada ambigüedad poética (incluso irónica) que escapa del recurso a la espectacularidad o a la fascinación acrítica por el artefacto tecnológico.

El marco del proyecto queda sugerido en el título bajo la necesidad de una reinterpretación de eso que llamamos “realidad”. La supuesta elasticidad de lo real estaría asentada en uno de los tópicos recurrentes en estos casos: la dialéctica entre lo real y lo virtual. Ahí encontramos el flanco más endeble de la propuesta, que se sitúa en una tecnofilia cuyos resultados no siempre garantizan aportaciones significativas. Cuando esto ocurre, queda por resolver el “para qué” de algunas propuestas que podrían recluirse en el mero juego escenográfico de los artefactos. En este sentido, es revelador que las temáticas en torno a la tecnología hereden con frecuencia la misma estructura ideológica de una parte de la vanguardia, esto es, una nueva “ciencia ficción” que espera que el mundo cambie, o se recrea en que ya ha cambiado, mediante una providencia tecnológica y colectiva. El riesgo será propiciar un nuevo nicho de formalismo, tecnificado pero irrelevante, en el que caen algunas de las obras. Por suerte, otras parecen sostenerse en una tensión crítica con el entorno y hacen de esta exposición, en todo caso, un evento necesario en el contexto actual de estancamiento de muchas instituciones culturales.


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