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Javier Ávila

Arte Cotidiano, lugares cotidianos

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Arte Cotidiano

Diferentes espacios de Gijón, Granada y Cáceres

Hasta el 10 de Diciembre.


Hace apenas unas semanas se clausuraba la última edición del programa Arenas Movedizas, en esta ocasión las piezas abandonaban el edificio histórico de la Laboral en la que se habían alojado los últimos años para ocupar espacios comerciales y generar un circuito en el que nos íbamos encontrando con ellas en lugares cotidianos, alejados del ambiente expositivo normalizado.

Prácticamente coincidentes en el tiempo, se producía la inauguración de Gloria Heldmount, una galería virtual que hacia su presentación en sociedad de manera simultánea en diferentes ciudades, algo que señalábamos como elemento dinamizador facilitado pro el acceso a unas tecnologías hasta hace poco inaccesibles y en este momento absolutamente normalizadas.

“Arte Cotidiano” supone un tercer ejemplo del que podemos disfrutar en estos días que de alguna manera reúne características comunes a los dos proyectos mencionados con anterioridad. Utilizando espacios comerciales, para Lemon y Coco, coordinadores del proyecto, se configura como una exposición integrada por pequeñas muestras o intervenciones comisariadas en negocios de barrio: peluquerías, carnicerías, pescaderías, fruterías, floristerías con la intención de sorprender y crear nuevos ambientes en paredes, vitrinas o escaparates para dar, en la medida de nuestras posibilidades, un impulso a los pequeños comerciantes así como un intento de acercamiento de la obra de diversos creadores a unos públicos diferentes a los que visitan habitualmente las muestras artísticas, además se resuelve de igual modo en tres ciudades de nuestra geografía, en este caso Granada, Cáceres y Gijón.

No es casual que una de las comisarias de este proyecto, Semíramis González, participase también en la puesta de largo de la galería virtual, lo que viene a demostrar que, con independencia de la situación de las instituciones culturales, las posibilidades de acción y de generación de propuestas nada tienen que ver con el apoyo o no de las mismas. Está claro que la existencia de unas no depende de las otras, o sí, me explico.

La actitud paternalista mostrada en muchas ocasiones por ciertos dirigentes culturales hacia agentes que han pretendido realizar proyectos, llegando a un menosprecio de muchos de ellos y a una actitud que rozaba a la soberbia, se torna en una realidad bien diferente.

La comunidad creativa no debe su existencia a las instituciones, más bien deberíamos de enunciarlo en un sentido contrario. Son los creadores los que justifican la existencia de las instituciones culturales, y los que le dan razón de ser. Muestra de ello es comprobar que en estos momentos en que los recortes presupuestarios han abocado a una paralización de actividades, en muchos casos el cierre de los mismos, el último ayer  en Vitoria con la noticia de la clausura por parte de su Ayuntamiento del Centro Montehermoso, más cercano el caso del Museo Barjola con una dotación económica para su actividad de 0 euros o el cese de actividad cultural por parte de Cajastur, no ha impedido que se continúen poniendo en marcha propuestas de todo tipo, alejadas de los circuitos oficiales, llegando a una efervescencia desconocida en otros tiempos en los que parecía que todo dependía de la disponibilidad de un presupuesto en manos de esos mismos dirigentes culturales.





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