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Crítica

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Jaime Luis Martín

La resistencia de la geometría

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Publicado en La Nueva España
María Braña
Geometrías
Del 18 de Octubre al 12 de Noviembre
Galería Amaga

La pintura de María Braña se mueve dentro de la tradición constructivista, un lenguaje geométrico que ha llegado a nuestros días desde las primeras vanguardias como un símbolo de pureza y perfección. En sus orígenes, la abstracción geométrica de la mano de Mondrian y Malévich se construyó sobre utopías que posteriormente fueron arrinconadas, pero la geometría pervivió y las líneas, los colores, las formas, fueron por si mismas un modo de expresión y de relacionarse con el mundo, una manera de enfrentarse al espacio sin sentirse obligado a su representación real. En el catálogo de la exposición «La persistencia de la geometría» (2011), organizada por La Caixa y el MACBA, que exploraba la redefinición de lo geométrico, a partir de los años sesenta, propiciada por el minimalismo y las practicas «performativas», Nimfa Bisbe señala que «la geometría ejerce una función ordenadora y proporciona la armonía necesaria para enfrentarse a la condición aparentemente irregular e inestable de la realidad».
En los últimos años María Braña ha mantenido una coherencia que fue recompensada con el Premio del Ayuntamiento de Valdés en el XLI Certamen Nacional de Arte de Luarca (2010), si bien anteriormente, ya había obtenido números reconocimientos en diversos certámenes regionales. Evitar saltos en el vacío, sin cambios bruscos pero sabiendo evolucionar, dejando por el camino algunos recursos iconográficos y grafismos, facilitaron el tránsito a la pureza y a la austeridad que caracteriza sus últimos trabajos, permitiéndole centrarse en un orden en el que se siente cómoda. «En su evolución -ha señalado Ángel Antonio Rodríguez-, María Braña ha mantenido siempre cierto hálito neoplástico, alternando gamas cromáticas y líneas en distintos soportes. A menudo, saliéndose del plano y combinando distintos formatos, en series modulares que caracterizaron su quehacer».
Estas obras ejecutadas con gran limpieza mediante la técnica de impresión digital sobre vinilo o lienzo, mantienen una fascinación por los rojos, blancos y negros, que se alternan y complementan en composiciones circulares creando una representación abstracta que continúa la mejor tradición de la Bauhaus, la escuela de artesanía, diseño, arte y arquitectura fundada en 1919 por Walter Gropius en Weimar (Alemania) y cerrada por los nazis en el año 1933. Destacan, en el conjunto, dos obras realizadas en madera lacada con una serie de relieves de formas geométricas elementales pintados de blanco o negro, que siguen la estela de Ben Nicholson.
Pero a esta lectura tan «canónica» de su obra habría que añadir otros elementos como los juegos de sombras, las insinuaciones arquitectónicas, el sosiego, el azar que se filtra y rompe la monotonía de las repeticiones y facilita que el espectador penetre en esas estructuras acentuadas por lo matemático. Finalmente, María Braña parece haber encontrado su camino, en las líneas y en las formas, en el cromatismo y en las permutaciones, en la racionalidad de lo pictórico, en la resistencia de la geometría.


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