AJIMEZ ARTE

Crítica

Carlos Casariego

Códigos abiertos frente a códigos cerrados

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Laboral Centro de Arte, cada vez más lejos de los artistas locales


Publicado en La Nueva España el 26 de Septiembre de 2012


A petición de Carlos Casariego publicamos su artículo"Códigos abiertos frente a códigos cerrados" al que hacía referencia Javier Ávila en su crítica "Código Abiertos, Mentes Cerradas"


Hace unos años, en una remota edición de ARCO, el presidente de Asturias de la época nos anunciaba su gran apuesta de futuro por el arte y la cultura para nuestra comunidad autónoma: Laboral Centro de Arte y Creación Industrial. Confieso que los muchos allí congregados no conseguimos descifrar gran cosa de lo que dijo -y sospecho que él mismo tampoco-, pero con la pegatina del «no a la guerra» y el cava, estábamos emocionados ante un discurso que a grandes rasgos prometía llevar el arte hecho en Asturias hacia un fabuloso El Dorado.

Hoy, con una programación cara y desigual, ajena en mayor medida a la sociedad que la sustenta -despreciando, para variar, la colaboración con los artistas locales-, aquel viejo sueño de Laboral Centro de Arte es la viva imagen de la desolación: sus oscuros hangares -donde lo más fácil sería perderse, o romperse la crisma, a pesar de la señalética fosforescente- salpicados de videojuegos frecuentemente desconectados (o simplemente averiados) y cañones de luz que proyectan las sombras de los escasos visitantes, no convencen a casi nadie.

Entre la espada y la pared de la amarga situación socioeconómica que nos toca vivir, Laboral pretende reinventarse con un proyecto colectivo dirigido, por fin, a los creadores de nuestra tierra. Con el nombre de «Códigos abiertos» y un escueto presupuesto de 8.000 euros -cantidad inferior a la que ha supuesto para el erario público la cama, comida y tabaco de cualquiera de los célebres personajes que han desfilado por el Centro Niemeyer (otro sueño hundido por el iceberg de la realidad) en una especie de dimensión espacial paralela que quizá sólo haya sido existido en nuestra imaginación-, su primera convocatoria atrajo a más de un centenar de participantes en el chill out del centro.

Tras una decena de reuniones de grupo a lo largo de los últimos meses, sólo quedan unos pocos jóvenes de perfil universitario -en legítima búsqueda de una oportunidad, aún sin sueldo- y ningún artista; cosa, esta última, que según su director no le preocupa.

Los reiterados y loables esfuerzos de estos jóvenes por concebir juntos un proyecto de interés público -formulado con palabras enigmáticas para el común de los mortales como wiki, nodo, mapeo, copyleft o creative commons, y con mínima habilidad técnica para plasmar dichos proyectos en la práctica-, se esfuman en agotadoras sesiones asamblearias sin alcanzar apenas consenso.

Ante semejante desconcierto se hace necesario bajar de la nube; volver a la raíz de las cosas, indagar sobre el significado del arte, y para ello nada mejor que empezar tratando de definir lo que es una obra de arte. Dejemos que sea Louis Kahn, el genial creador que revolucionó el arte de la arquitectura, quien lo defina a su modo:

«Una obra de arte no es algo vivo; no camina, no se mueve; pero al hacer que te sientas vivo, te produce una reacción: para algunos es la maravilla de los dedos del hombre, para otros la maravilla de la mente; para algunos la maravilla de la técnica. Para otros lo real que es, o lo trascendente. Es como una sinfonía que se presenta a sí misma como un sentimiento, que sabes que ya lo habías oído alguna vez y lo buscabas. Y ahora que lo has reconocido, sabes que debes oírlo otra vez, que debes verlo otra vez. Realmente, una obra de arte es la que nos enseña que la Naturaleza no puede hacer lo que el Hombre puede hacer».

Estamos, pues, ante un arte atemporal y eterno, es decir, sublime. Si esta concepción de arte es aún vigente o no, puede ser discutible. Lo que no admite discusión es que Laboral tiene desde su nacimiento un proyecto pendiente por realizar, sea como institución o firmado con el logotipo de «Códigos abiertos»: concretar su Archivo de Artistas Asturianos; sacudir la urdimbre verde que se extiende entre la Cordillera y el mar para tratar de encontrar personas capaces de crear obras de arte, sean éstos arquitectos, pintores, realizadores de cine o vídeo, escritores, músicos, fotógrafos, actores, bailarines, diseñadores, escultores, científicos, etcétera. Y una vez descubiertos -si es que existiera alguno-, grabar sus palabras en respuesta a una sencilla pregunta; cuál debería ser la función de un centro de arte público en nuestra región.

Ni más, ni menos. Ésta sería la primera propuesta válida para empezar a andar juntos; sociedad, creadores e institución. Un proyecto que podría plasmarse en pantallas distribuidas en el espacio expositivo de Laboral, desde donde los creadores asturianos nos hablasen a todos.

No debe ser una tarea muy complicada; los auténticos creadores son los que son, no surgen de la nada; suelen dejar una estela, una trayectoria recorrida con sacrificio e ilusión materializada en obras, fáciles de reconocer para quién sepa verlas, y sobre todo sentirlas. Porque, al fin y al cabo, «el arte está, o no está».

No le demos más vueltas y no caigamos en la tentación de gastarnos los exiguos dineros en utilizar el espacio de Laboral para llevar a cabo simpáticos encuentros con bollos preñados, tortilla de patata y vino tinto. En Asturias sobran sidrerías y merenderos. Lo que falta es una verdadera dirección cultural.





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