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Crítica

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Javier Ávila

Códigos Abiertos, Mentes Cerradas

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Hace unos días aparecía en prensa un artículo firmado por un reconocido artista arremetiendo contra las políticas culturales de la región, los grandes proyectos ahora venidos a menos y la actitud de desprecio constante hacia los creadores cuyas contrastadas trayectorias eran sistemáticamente ignoradas. No seré yo desde luego el que acometa una defensa de las mencionadas políticas o de las decisiones tomadas en los programas de los centros por todos conocidos, si bien opine que las críticas deben de dirigirse hacia un modo de gestión o dirección y no contra los propios centros, infraestructuras valiosas en las que merecen la pena seguir trabajando para conseguir la consolidación de una oferta cultural arrasada por la crisis financiera.

Ese mismo artículo hacia referencia a un proyecto denominado Códigos Abiertos, puesto en marcha por Laboral Centro de Arte, y que trata de aglutinar diferentes posiciones y perspectivas de lo que deben de ser las prácticas artísticas, dando cabida a profesionales y públicos de diferentes procedencias y posiciones y que, según el firmante del texto citado se había quedado reducido a un grupo de jóvenes de perfil universitario en una legítima actitud de búsqueda de un futuro laboral.

Por lo que a mí respecta, desde luego que te engloben entre un grupo de jóvenes universitarios es un gesto que te rejuvenece, sin embargo creo que, desgraciadamente no se puede desandar el recorrido vital, mi época de teenager ya pasó hace demasiado tiempo.

Efectivamente Códigos Abiertos se ha ido gestando a lo largo de interminables reuniones, muchas de ellas infructuosas, otras delirantes cuando no disparatadas, pero ese proceso también ha encontrado momentos para plantear ideas y posicionamientos contra una situación insostenible, asambleas imposibles de llegar a acuerdos, un proceso tedioso y agotador desde el que, aún así, se han generado grupos de trabajo que continúan en el empeño de sacar proyectos adelante, desde la creencia de que las cosas se pueden hacer de otros modos y, sobre todo, aprovechar la oportunidad de plantear críticas desde dentro del propio Centro, buscando y proponiendo nuevas formas institucionales.

Las definiciones de Arte son como los culos, todos tenemos uno, normalmente adaptado a los intereses y discursos en los que cada cual cree, de manera que habitualmente esos conceptos van cambiando conforme evolucionamos en nuestra mirada al mundo, empeñarse en explicar nuestro momento con parámetros y categorías estéticas acuñadas en el Siglo XVIII es inútil, nada se corresponde ni al pensamiento ni a la realidad de ese momento.

Reconozco que aceptar los relevos generacionales es un proceso duro, máxime cuando la actitud propia esta en el convencimiento de tener muchas cosas que aportar y decir, desde luego yo mismo creo que me quedan cosas que aportar, de lo contrario estaría cadáver. Arremeter contra quien desde posicionamientos y formas de pensar distintos a los nuestros intentan levantar propuestas, a pesar de las estrecheces económicas y falta de oportunidades, es lamentable cuando no egoísta, esgrimir la búsqueda de réditos laborales es simplemente una canallada, más si viene de gente cuyo argumento expuesto públicamente una y otra vez recuerda a aquello de “qué hay de lo mío”.

La palabra Abierto no necesita explicación, todo el que tiene algo que decir encuentra espacio para hacerlo.



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