AJIMEZ ARTE

Crítica

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Juan Carlos Suárez

Dérmico I

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Imagen de Natalia Pastor

He volado tan alto, he subido a lo más alto, me he dicho lo que no me han dicho, me he escondido entre las nubes y algunas noches me he refugiado en la orilla de tu regazo. Ahora el tiempo ha venido a buscarme, no me ha preguntado nada, no ha pronunciado ninguna palabra, tan solo me ha mirado con sus ojos de muerto y me he mareado al mirar, me he visto a mi misma de niña corriendo entre las fábricas, oliendo las vacas, escuchando las palabras de las ancianas. He mirado como me calzaba las katiuskas para ir a la escuela, como colaba la leche para tomar el colacao, como lloraba cuando me caía de la bici y sangraba por las rodillas. Me he visto desnuda en la cama, en verano, cuando soñaba contigo, han pasado muchos días ya, años, y me veo vistiendo a mi hija, me veo hirviéndole la leche para que tome el colacao y escucho palabras de vieja que ahora son mis amigas, soy yo quien le digo cosas a mi hija, y quien espero sentada en la salita a que él llegue. La casa que antes me parecía tan grande ahora me parece pequeña y sin luz, y aunque sigo jugando al escondite ya no me gusta hacerlo, tampoco me gusta cuando siento cuando llegas a casa, ni cuando me escondo en el baño para no tener que darte un beso cuando te marchas. Tampoco me gusta coger el teléfono y oír a mi madre como si fuese de otro planeta repitiéndome las mismas cosas que me repetía cuando yo era pequeña, aunque ya no me habla de padre y de cómo la hacía sufrir. Cuando me escapo entre las nubes a veces miro hacia abajo y veo como van a trabajar y como muchos otros se quedan en las plazas. Yo también estuve allí, viendo pasar los días como si no fuesen míos, como si yo no fuese la que allí estaba, entre ellos sin hacer nada, no había trabajo, eran días de esperar, sólo esperar, ahora que pensé que aquello había terminado ha vuelto. Vuelvo a ver cada vez más gente en las esquinas, compañeros que ya no tienen donde ir, y hombres y mujeres que se ven acabados a mitad de la vida y cada vez más jóvenes que ni siquiera han empezado.
Cuando llueve las nubes se desinflan escupiendo un polvo gris sucio por todo el pueblo, es como si el cielo nos devolviese la tierra que le quitamos a la Tierra y así nos erosionamos unos a otros, rascándonos la piel, quitándonos lo que no tenemos, queriendo ser lo que no somos.

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