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Jorge Fernández León

Escáneres y diagnóstico

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Publicado en http://blogs.elpais.com/alternativas/2012/09/escaneres-y-diagnostico.html


Dos artículos de reciente aparición, entre los muchos dedicados a los recortes culturales y a sus efectos, llaman particularmente la atención por su pertinencia y dramatismo.
En el primero, publicado la pasada semana, se escanea en detalle el devenir de las Obras Sociales y Culturales de las Cajas de Ahorros, y se anuncia nada veladamente la cascada de efectos perniciosos para la vida cultural local de su desaparición casi total. En el segundo se enuncia un breve y aparentemente seco diagnóstico del estado y el daño que, en el cuerpo principal de la vida cultural española, están causando las múltiples decisiones que anuncian la muerte del humus que mantiene viva la cultura: la trama civil que forman profesionales, organizaciones y proyectos, más allá de los servicios públicos mantenidos por las administraciones culturales. Ambas reflexiones vienen a coincidir en poner el foco sobre un aspecto que, de manera perversa, muestra el funcionamiento de la teoría neuroligüística de los marcos aplicado a la vida cultural española.
En el primer caso, la demonización general de las Cajas, bancos públicos una vez ahora abocados a la privatización, hace fácil la tarea de eliminar de un plumazo las obligaciones de reinversión de los beneficios en proyectos sociales y comunitarios, achacando también a la cultura y a sus participantes el haberse sumado al supuesto aquelarre financiado con esos fondos. Casi nadie se atreve hoy a decir que las aportaciones de las Cajas componentes de la CECA han supuesto cantidades milmillonarias destinadas a cultura desde su nacimiento hasta casi ahora mismo. Solo en 2010, según la memoria de Responsabilidad Social Corporativa de la CECA, fueron 560 millones de euros los que se destinaron a tareas culturales y patrimoniales, casi la misma cifra que en el presente año tiene nuestra Secretaría de Estado de Cultura para el funcionamiento de sus recursos (642 millones de euros). Y eso que la reducción de la inversión de beneficios destinada a programas culturales en los últimos años ha sido de más del 70%.
En el segundo texto, del profesor Alfons Martinell, perfila con finura y densidad infrecuentes el escenario tormentoso de las políticas culturales, y la divergencia creciente entre las mismas y el sistema cultural real del país. De mantenerse la introspección geométrica de las instituciones, corre peligro su propio sentido como parte de los compromisos constitucionales para con la cultura, como instrumento nivelador esencial de la vida democrática. Leer y descifrar con detenimiento las ideas enunciadas y sugeridas en el artículo permite establecer un índice urgente del estado del lugar. Y el contraste de su densidad y prioridades con las que podemos encontrar en el Plan Estratégico General 2012-2015 de la Secretaría de Estado de Cultura, amplía la ya generosa lista de preocupaciones. Sobre todo para quien piense en la política como una respuesta eficaz y complementaria que avance y complemente las transformaciones del sistema cultural en curso, y no como un juego de palabras huecas que sustituyen el sentido simbólico por la ley de la selva de la competencia dentro del mismo.

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