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Francisco Fresno

La mirada pobre

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La exposición «La mirada atlántica» del Museo Barjola cuenta con la colaboración no retribuida de todos los autores


Publicado en La Nueva España

Resulta contradictorio que desde una concejalía de Cultura se proyecte una exposición titulada «La mirada atlántica» negando la sal a los artistas. El horizonte, también desde la atalaya política, se otea cuando hay amplitud de miras para mantener a flote todo aquello que ayuda a crear y materializar miradas culturales.


Que una situación injusta y de discriminación hacia los artistas se dé en casi todas partes y, como se dice coloquialmente, desde siempre, no justifica la negativa política a cambiar las cosas alegando que ello sentaría un precedente comprometedor con el que no saben si van a poder cumplir. El cumplimiento en lo público no pasa por concebir proyectos presentes y futuros contando siempre con el voluntariado de los demás cuando quienes ostentan cargos públicos no se comprometen personalmente con lo mismo. ¿Estaría el concejal de Cultura dispuesto a renunciar temporalmente a su sueldo para salvar con él económicamente algún evento municipal? A mi modo de entender no se tiene autoridad cuando se pide a otros lo que uno no está dispuesto a ofrecer, ni sería lógico que lo ofreciera.


Ya lo hemos dicho en ocasiones anteriores, las instituciones responsables de la cultura se han venido sirviendo gratis de las obras de los artistas visuales para programar sus exposiciones, la mayoría de las veces contando con presupuestos para cubrir lo que legítimamente les corresponde a quienes se hacen cargo del comisariado, montaje, transporte, seguro de las obras, diseño del catálogo, textos, fotografías, etcétera, excepto a los artistas, que cediendo sus obras para un fin público en un marco institucional, y no comercial, justifican todo ello, e incluso, en alguna medida, hasta el cargo y salario de los responsables políticos.


El altruismo ha de entenderse voluntario y excepcional, y no como la única opción del artista para no ser discriminado y quedarse fuera de los eventos expositivos sin que nadie se entere de ello. Tal parece que por ser artista no hubiera que cotizar a la Seguridad Social, ni mantener un taller o pasar por caja al salir de un supermercado, igual en tiempos de crisis que de bonanza. Pero lo más grave es que desde una concejalía de Cultura se justifique una situación injusta tomando como argumento la mal llamada crisis económica, porque no nos engañemos, la crisis es de valores y lo económico algo derivado de ello que es utilizado instrumental e ideológicamente para cargarse, precisamente, los derechos de los menos favorecidos, tal como constatan los hechos.


La cultura ha de servirnos, entre otras cosas, para pensar por nosotros mismos con independencia y sentido crítico sin ser mermados por lo dominante. Para eso sirven las miradas, atlánticas o no atlánticas, igual hacia el horizonte abierto que hacia lo más recóndito de una cueva. Nuestro pensamiento simbólico es inseparable de las primeras miradas del arte que han contribuido a comunicar y dar sentido a mundos diferentes. Hoy puede ser pobre un presupuesto, pero eso no debería servir de excusa en una institución para que también sea pobre la mirada política. Para crear no es suficiente con contar con una supuesta capacidad creativa, también se necesitan medios materiales y económicos y a veces colaboraciones de terceros, y, por supuesto, tiempo. Más del noventa por ciento de los artistas necesitan otro trabajo paralelo para mantener la actividad artística, por lo general de por vida. Demostrada está también la generosidad del gremio del arte para atender todo tipo de demandas sociales cediendo y donando obras. Por lo tanto, parecería lógico que se pudiera mantener un compromiso político ajustado a la realidad para reconocer un derecho de los artistas cuando temporalmente ceden obras que sirven para que las instituciones las ofrezcan al público para informarle y formarle con la creación de su tiempo.


Que el titular de una concejalía de Cultura venga del mundo de la música y la creación y conozca y se beneficie legítimamente de los derechos de autor nos llevaría a pensar que es una ventaja a la hora de reivindicar algo como lo expuesto aquí con motivo de la exposición «La mirada atlántica» que tiene lugar en el Museo Barjola de Gijón, y que cuenta con la colaboración no retribuida de todos los autores por no haber otra posibilidad, sin compromiso de corregirlo en el futuro por el parecer de los equipos técnicos de la Fundación Municipal de Cultura que han informado al concejal de los inconvenientes técnicos y presupuestarios. Con tal justificación técnica de los técnicos no sabemos si el concejal de Cultura se va a disgustar pensando que los derechos de autor de los músicos van a estar condicionados por las coyunturas económicas. La contradicción es grande, tanto en lo político como en lo profesional, pues las dos cosas se dan en Carlos Rubiera como concejal de Cultura y músico.


En fin, que lo que de verdad necesitamos en algunas costas para despertar otras miradas políticas y argumentos menos pobres y contradictorios son tsunamis atlánticos que inunden y quiten legañas tierra adentro.

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