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Crítica

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Javier Ávila

eCLIPSe

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eCLIPSe [retro]perspectiva en 50 fases del vídeo musical”
Laboral. Centro de Arte y Creación Industrial. Gijón
Hasta el 22 de Octubre



Indagar en las panorámicas culturales que nos rodean y lanzar nuevos puntos de vista acerca de cómo acometer miradas que rompan las normativas es una de las razones de ser de los Centros de Arte como Laboral. Justamente esto es lo que la exposición que ocupa sus salas en estos momentos y que bajo el título de “eCLIPSe [retro]perspectiva en 50 fases del vídeo musical” hace un intento de posicionar las piezas visuales producidas desde la industria musical para la promoción de sus productos como una disciplina independiente dentro de las producciones artísticas actuales.

Ciertamente hay pocos precedentes de intento en este sentido en modo expositivo, si bien son numerosos los certámenes, ciclos y convocatorias dedicadas al medio, siendo el videoclip una pieza que une sonido e imagen en pequeñas obras llenas de creatividad y que los nuevos modos de acceso a la información han popularizado y convertido en elemento casi imprescindible dentro de la propia industria.

Los antecedentes históricos se encuentran prácticamente desde la misma aparición de la imagen en movimiento y la atención prestada a ella por las Vanguardias de principios del siglo pasado, como se indica en el breve texto de presentación de la muestra. De este modo no han sido pocos los artistas que se han adentrado en estos territorios. Hay una larga historia de filmes musicales antes de la MTV. Hay muchas películas experimentales, de animación, que se adelantaron a los videoclips.  Las influencias vienen del cine experimental y la televisión. Son numerosas las colaboraciones de cineastas y artistas, sobre todo desde la plástica y la videocreación, que han volcado su trabajo en la generación de obras al servicio de la publicidad musical, del mismo modo que algunos de los creadores que inician su rodaje profesional en estos campos han dado el salto posterior a otros estamentos culturales.

La propia heterogeneidad del asunto hace casi imposible la comprensión del medio como una disciplina autónoma. , no hay una estética específica del videoclip musical. Hay un abanico amplísimo de propuestas, aunque sólo llega a exhibirse una pequeña proporción, también casos que no tratan de vender ningún producto, ni un disco ni un grupo musical. Sólo intentan vender una idea poética o política.  Se podría hacer un esfuerzo de clasificación de estilos que siempre quedarían limitado por piezas de difícil encaje, incluso de autores cuyas aportaciones sobrepasan en calidad a la propia música a la que se supone deben de servir, enriqueciendo de esta manera un producto cercano a la publicidad, por no decir claramente que se trata de ello, desde aquí afirmar al videoclip como disciplina artística autónoma es tanto como determinar que la propia publicidad lo es, con todas las dudas que ello puede generar.

“eCLIPSe” detiene su atención en dos figuras significativas dentro de este mundo como el británico Chris Cunnigham y el francés Michel Gondry, apuesta cuando menos arriesgada pues deja fuera a otros muchos creadores que se han significado en este campo, como ejemplo la figura de Zbigniew Rybczynski,que en los ’80 realizó videoclips para grandes grupos musicales como los Rolling Stones, John Lennon o Pet Shop Boys, produciendo un estilo absolutamente personal y reconocible, aunque obviamente hay muchos otros.



El tratamiento que dentro de la muestra se hace a la producción local queda renegada a un segundo plano, limitada su aportación a un espacio en el que exhibir una selección anecdótica, y que parece desarrollarse al margen de lo que ocurre en el resto de la industria, algo que sólo se entiende realmente si efectivamente se le otorga ese papel residual y poco significativo, o se ha incluido como cuota local con la que justificar su presencia.

En definitiva “eCLIPSe” se queda en un intento fallido, una pena pues el poner el punto de atención sobre la industria musical y su implicación en las artes visuales es un acierto más que oportuno, digo es un intento fallido pues casi nada de lo analizado se puede encontrar en la exposición, al menos de un modo riguroso. La muestra se limita a una selección, como todas las selecciones subjetiva y discutible, donde cada espectador echará en falta referencias para él imprescindibles. La exposición no aporta un trabajo de investigación que genere una visión histórica ni concluya una tesis de trabajo, simplemente se sustenta sobre unidades ligadas por un hilo conductor lineal que aparece en un momento, concretamente en 1975 con la aparición de la pieza del single “Bohemian Rapsody” de Queen proclamándola como primer videoclip, y llega hasta nuestros días, sin más.

En estos momentos en los que cualquier usuario puede desde su casa acceder a una inmensidad de información difícil de manejar, desde luego todo lo mostrado lo encontramos a golpe de clic en algo tan sencillo como YouTube, limitar la tesis del videoclip como disciplina en base a una selección de unos cuantos ejemplos por década es cuando menos insuficiente, por muy digna que sea su puesta en escena.

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