AJIMEZ ARTE

Crítica

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Ángel Antonio Rodríguez

El susurro de lo efímero

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Publicado en El Comercio

La XV edición de PhotoEspaña, el Festival internacional de Fotografía y Artes Visuales de Madrid, ofrece un programa de 74 exposiciones en 68 sedes entre museos, galerías, centros de arte y salas de exposiciones en el que participan 280 artistas de 44 nacionalidades. Entre ellos destaca la asturiana Rebeca Menéndez, en un proyecto expuesto en la galería Arana Poveda, organizado en colaboración con la galería gijonesa Espacio Líquido. Fotografía e instalaciones recientes, en línea con las que presentó en la última edición de JustMadrid, entre escenografías oníricas, sueños, realidades y enormes soledades.
Hace tiempo que Rebeca Menéndez defiende esta feliz alternancia de disciplinas, conjugando las imágenes, tras un lento trabajo posfotográfico, con la pintura sobre pared combinada con vinilos y objetos que interactúan con el espacio. Su singular trabajo (que EL COMERCIO impulsó en 2003 a través de una de sus becas AlNorte) ha evolucionado con coherencia, entre el oficio y las calidades, traduciendo una mirada siempre atenta a la actualidad, con el universo femenino y las soledades como eje temático. Así, ha expuesto recientemente en las galerías Espacio Liquido (Gijón), Vilaseco-Hauser (A Coruña), T20 (Murcia) y Paola Verrengia (Salerno-Italia), participando también en numerosas muestras colectivas y ferias internacionales como Arco (Madrid), Pulse (Nueva York), Next (Chicago), Circa (Puerto Rico) y Volta (Basilea), entre otras.
Ficciones
Las ficciones de Rebeca Menéndez proponen muchas cosas pero, sobre todo, obligan a pensar, buscando respuestas a las preguntas planteadas en cada pieza, al margen de la técnica empleada. Hay reminiscencias infantiles aparentemente tiernas, sin embargo, albergan dramas y misterios, bajo un obsesivo interés por narrar historias, mostrando y ocultando a un tiempo, alterando nuestras miradas, persiguiendo otros horizontes, otras metas más interesantes, quizás, que las impuestas por el ritmo cotidiano. Entre el espacio y el tiempo fluyen juegos de la memoria, recreando leyendas o desarrollando algún que otro problema socio cultural, entre pequeños detalles de la composición. Nada es lo que parece, pero todo resulta inquietante. Los personajes juegan, experimentan, se asoman, curiosean, pero pueden caer en múltiples trampas. La muerte está presente, pero también hay un canto a la vida, siempre frágil y vulnerable.

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