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Antonio Alonso de la Torre García

Usos y formas. Juanjo Pulgar y Noé Baranda en Laboral

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Hartos de escuchar y leer expresiones despectivas e ignorantes sobre “los de la madreña” y otras similares, Laboral da un paso en este sentido muy necesario en la actual coyuntura asturiana. Aborda este asunto con una exposición que combina un centro de creación industrial con un museo etnográfico, y lo resuelve de modo armónico, sin el más mínimo conflicto, de la mano de dos jóvenes fotógrafos gijoneses que forman parte de una generación que tiene superados ciertos complejos. Juan José Pulgar (Xixón 1971) y Noé Baranda (Xixón, 1978) poseen una trayectoria consolidada y llevan varios años dejando testimonio de su entorno, al igual que con anterioridad lo hicieron unos y, con los años, lo irán haciendo otros. Es precisamente esta idea de estratos temporales la que recorre los dos trabajos documentales después de una estancia de un mes estudiando los fondos del Muséu del Pueblu d’Asturies.

Juanjo aporta una revisión más historicista, mientras que Noé apunta más a lo etnográfico. Del primero destaca la serie Ciudad residencial, que muestra imágenes antiguas y contemporáneas de la ciudad de vacaciones de Perlora. A través de una original y acertada presentación en cajas recicladas nos sumerge en un pasado lustroso que contrasta con una actualidad decadente. Un camino de sufrimiento. En los años setenta llegó a contar con 273 chalets diseñados por arquitectos reconocidos como Somolinos, Negrete o Busto. De manera similar aborda Juanjo Pulgar la historia de la Universidad Laboral, un edificio testigo de los cambios sociales e históricos de su entorno. También presenta dos vídeo-instalaciones, una íntima y humana, con películas familiares de los años veinte procedentes de los fondos del Muséu, y otra presentada en tres monitores, uno con viejos paseos por la playa de Xixón, otro en el mismo lugar en la actualidad, y un tercero en blanco, como interrogante de un futuro que también acabará archivado.

Las creaciones de Noé son más íntimas y personales. Destacan los diez vídeo-retratos que reflejan a nuevos pobladores del mundo rural, gente joven que busca su propio camino y esquiva las imposiciones del sistema. El sonido ambiente y la presentación estática, en la que se apropia  de antiguos modelos de encuadres y posturas, ayudan a contemplar el digno renacimiento que protagonizan estos jóvenes. La otra serie es continuación de La mirada inacabada, que viene a ser el diario de una vida interior compartida no sólo con lo espectadores si no también con otros fotógrafos como Modesto Montoto, Fritz Krüger, Canellada, Valentín Vega y otros entre los que se encuentra el propio abuelo de Noé, José Luis Ferrero. Un listado de todos aquellos que recorrieron Asturias y supieron hallar gusto en cualquier cosa menuda y convertirla en trascendente. Este documento íntimo se presenta en forma de un friso que puede ser seguido, momento a momento, como un poema profundo, con instantes claros y a la vez misteriosos que Noé cristaliza y hace perdurar.

Este trabajo conjunto de Juanjo y Noé merecía un mejor espacio. Esta denominada Sala Nueva es como el fondo de un saco, con sensaciones de humedad, suciedad y opresión. Lo blanco, limpio y luminoso parece reservado a otras cuestiones. También se echan en falta cartelas en lengua asturiana, complementando las que están en inglés y castellano. Reforzarían el sentido de esta exposición. Pero si estas cuestiones no han querido ser tenidas en cuenta tal vez sea porque los complejos mencionados al principio no están aún tan superados como se quiere aparentar.

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