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Crítica

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Jaime Luis Martín

Interferencias sensoriales

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Publicado en La Nueva España


Visualizar el sonido
Hasta el 25 de Junio
Laboral Cetro de Arte y Creación Industrial

Al londinense Neil Harbisson le diagnosticaron acromatopsia: sólo podía ver el mundo en blanco, negro y gris, pero con un artilugio, dotado con un sensor, que lleva sobre la cabeza y un chip instalado en la nuca ha logrado traducir los colores a una escala musical. Las relaciones sinestésicas -oír colores, ver sonidos, degustar lo táctil- comienzan a formar parte de nuestra experiencia cotidiana gracias a la tecnología que posibilita estas interferencias sensoriales. Y la exposición «Visualizar el sonido» participa de esta expansión de los sentidos explorando las relaciones entre el sonido y la imagen, la representación gráfica de la onda elástica. Sobre este concepto han trabajado los comisarios Cristina de Silva y Nacho de la Vega, organizadores, también, del Festival LEV que desde el año 2007 se celebra en Laboral, aunando lo audible y lo visible.
La exposición se puede calificar de sobresaliente, con una selección de piezas que mantienen en todo momento un tono de calidad, con picos elevados como sucede con la instalación «rheo: 5horizons», situada en la iglesia de Laboral Ciudad de la Cultura, de Ryoichi Kurokawa que consigue generar un espacio audiovisual yuxtaponiendo un «collage» de imágenes cuyo comportamiento señala la posición de la fuente de sonido, su dimensión espacial, produciendo en el espectador una sensación impactante. Daniel Palacios consigue con «Waves» una escultura que flota en el espacio, sirviéndose de una cuerda que gira a distintas velocidades, unida a dos motores que se ponen en marcha al detectar la presencia de los visitantes. Por su parte Andy Huntington propone convertir el sonido en objeto, mediante el apilamiento de instantáneas digitales de sonido que se materializan empleando la tecnología del prototipado rápido. Daniel Romero, más conocido como «tape», realiza una instalación sonora con 200 frijoles saltarines que interpretan una partitura compuesta con el lenguaje de programación de código abierto Pure Data.
El paisaje sonoro de Pascal Broccolichi esta compuesto por una serie de altavoces recubiertos con polvo de corindón negro, conformando un entorno de cráteres en los que se funde la pieza sonora con la modulación de la orografía, alterada por los sonidos. La instalación «Versus» de David Letellier enfrenta a dos esculturas cinéticas, cuyo movimiento, a intervalos de sus paneles triangulares, depende los sonidos producidos por ellas mismas y la presencia del espectador convertido en actor de una singular ficción. En la sencillez de la pieza de Zimoun se encuentra su belleza y las 100 varillas metálicas agitadas por otros tantos motores produce un ritmo repetitivo y una profundidad emocional.
Partiendo de una tormenta geomagnética la obra «20Hz» de Semiconductor -dúo artístico formado por Ruth Jarman y Joe Gerhardt- generan una visualización científica de formas escultóricas. Andreas Fischer y Benjamín Maus consiguen materializar procesos y datos de sonido, mientras que Lucia Rivero se sirve de una grabadora analógica para crear una eficiente instalación. Completa la muestra el proyecto «El arte y su sonido» coordinado por José Manuel Costa en colaboración con Juanjo Palacios, que trata de captar los sonidos de un centro de arte «precisamente en momento en que acoge una exposición de arte sonoro».
 



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