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Crítica

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Javier Ávila

Pieza trampa. Kurokawa

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Ryoichi Kurokawa. Rheo: 5 Horizons
Iglesia de Laboral. Ciudad de la Cultura
Dentro de “Visualizar el sonido”.
Hasta el 25 de Junio

Entrar en la Iglesia de Laboral estos días supone una sorpresa y una trampa. Los espacios del complejo, impregnados de un simbolismo difícil de abstraer, suponen una experiencia de escala que obliga a una lectura propagandística de su arquitectura, unas dimensiones abrumadoras que dispone nuestra situación y la del poder.

Entrar en la Iglesia estos días supone una vuelta de tuerca a esta dimensionalidad, una sorpresa y una trampa. Bajo los nervios que conforman la bóveda y ocupando el centro, nos topamos con la pieza de Ryoichi  Kurokawa, un elemento negro del que se suspende cinco monitores conectados a otros tantos altavoces monocanal.

Las imágenes proyectadas generan un collage a partir de fragmentos de paisajes cuya descomposición topográfica otorga una movilidad de apariencia caótica, sincopadas en sus ritmos. El espectador habituado a visitar muestras de arte inmediatamente hará una lectura de disfunción entre las dimensiones del espacio y la capacidad del artilugio para dialogar con las mismas, con lo que resulta fácil concluir que la monumentalidad arquitectónica desactiva la obra, justamente aquí radica el engaño.

Acudir estos días a ver la pieza de Kurokawa es un error pues no se trata de esto. “Rheo: 5 Horizons” que así se denomina el proyecto, enmarcado en la exposición “Visualizar el sonido”, no pretende ofrecer ninguna experiencia visual, la clave radica no en los monitores sino en los altavoces, en los sonidos que desde ellos se emiten y que son la verdadera representación del paisaje sugerido.

Transcurridos unos minutos entre las paredes vacías de elementos ornamentales, el paisaje va tomando su verdadera dimensión, equilibrando escalas y proporciones entre horizonte y contenedor, recordando de algún modo aquella búsqueda romántica de enfrentamiento con los elementos y la conclusión de nuestra insignificancia existencial ante las fuerzas arrolladoras.

Kurokawa traslada el exterior al interior, inunda los volúmenes aéreos de una suerte de tormenta inaccesible e imposible de dominar, ante la que nos encontramos igualmente empequeñecidos, nosotros y el edificio en sí, inaugurando un diálogo en igualdad de condiciones de sonidos y escalas, con el espectador situado en pleno campo de batalla.

Acudir estos días a ver la pieza de Kurokawa es un error. Acudir estos días a escuchar la pieza “Rheo: 5 Horizons” una experiencia estremecedora e impactante.

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