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Jorge Fernández León

Apoteosis de la autoflagelación

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Publicado en http://blogs.elpais.com/alternativas/2012/04/apoteosis-de-la-autoflagelacion.html

Por: Alternativas | 16 de abril de 2012

¿Tan descontentos con nuestra tarea están las gentes de la cultura que antes de que se pronuncien los cargos ya se van declarando culpables? ¿O es que de todo lo hecho en estas décadas en España solo hay despilfarro, corruptelas y megalomanía? Porque, leyendo las ùltimas informaciones y comentarios al respecto, se diría que las políticas culturales forman parte de una red mafiosa que se entrega a nuestra Interpol del pensamiento.
Tres décadas largas de políticas culturales en España parecen haberse ido al garete, por la peculiar mezcla de exceso y sensacionalismo con la que habitualmente se tratan los asuntos pasionales. Y la cultura, paradójica y conflictiva, lo es sin duda. Pero solo hay que volver la vista atrás para darse cuenta de que, más allá de la pornografía visual de nuevos ricos ejecutada con dinero público por algunos, nuestros servicios públicos de la cultura han hecho en este período democrático un trabajo extraordinario que no puede ser borrado, sin más. Y que los culpables de los excesos tienen nombre y apellidos. ¿O acaso, abrumados por la vergüenza, iremos a devolver la inversión de los túneles del AVE ( el precio de uno de ellos supera seguramente todo el gasto razonable en equipamientos culturales en 20 años) o las ayudas agrarias?
Lo que está en juego, de verdad, es la legitimidad del derecho a la cultura como un bien público. Aunque no lo estén menos los derechos a la sanidad o a la educación o al empleo, atacados con la misma irresponsabilidad por quienes hoy nos gobiernan, heraldos inconscientes de la banalidad del mal.
La cultura ¿es un derecho? Eso dice la Constitución española, los tratados internacionales, las instituciones globales. En la confianza de ese derecho y en la legitimidad del papel transformador de esas políticas, miles de profesionales en los mundos de la creación, la intermediación y los servicios y las industrias culturales han desarrollado un esfuerzo fenomenal, con recursos limitados en casi todas las ocasiones, para cumplir con su tarea de aportar valor añadido a España. Capital Cultural que construye identidad simbólica, facilita la lectura pública en miles de bibliotecas, abre puertas al conocimiento y el intercambio en centros culturales y museos o genera participación en la experiencia de la creación. Y ese capital se construye sin demasiados focos ni notoriedad, sin estrellas mediáticas ni reconocimientos públicos. Hacerlo hoy visible es un primer paso, necesario, para hablar con propiedad de lo que hay que defender y de su verdadera importancia.

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