AJIMEZ ARTE

Crítica

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Luis Feás Costilla,

Mirando hacia delante (sin ira pero un poco indignado)

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Publicado en La Voz de Asturias

Nos dicen que no hay dinero para cultura, pero a poco que cualquiera eche números se dará cuenta de que sigue habiendo mucho en circulación. En este 2012, para el que el Principado de Asturias prevé un aumento del presupuesto general hasta alcanzar los 4.208 millones de euros, se ha reducido (injustificadamente) la partida de cultura un 28%, pero eso significa todavía 58.078.369 euros, que se reparten entre Patrimonio Cultural (18,1 millones), Acción Cultural y Bibliotecas (17,2 millones), Política Lingüística (2,1 millones) y Política Deportiva (18,4 millones). Da la sensación de que, con casi diez mil millones de las antiguas pesetas, la disyuntiva que se nos ofrece, elegir entre conservación del patrimonio y dedicación al arte y a la cultura contemporánea, es a todas luces falsa, porque si se gestiona adecuadamente, con visión de conjunto e ideas claras, tendría que haber dinero para todo y no habría por qué elegir entre lo uno y lo otro. De todas maneras, tendrán que darnos una explicación de por qué al fomento de la cultura, que es un mandato constitucional, se le quiere dedicar tan solo un irrisorio 1,38% del presupuesto autonómico de este año.
    A eso hay que añadirle los 14 millones que le dedica el Ayuntamiento de Gijón o los casi 11 del Ayuntamiento de Oviedo. Por no hablar de los otros 11 millones de euros que Cajastur le destina al área cultural de su Obra Social. Es decir, muchísimo dinero, que no repercute como debiera en la ciudadanía asturiana. A este respecto hay que recordar que, con apenas 700.000 euros, la Casa Municipal de Cultura de Avilés tiene una programación ejemplar, con exposiciones dedicadas a artistas jóvenes y ciclos de teatro en el Palacio Valdés de rango nacional. Con la mitad, unos 300.000 euros, el Museo Barjola de Gijón tendría más que suficiente para recuperar sus unánimemente consideradas exposiciones temporales y su beca artística y con un tercio de esa cantidad, o mucho menos, la Sala Borrón de Oviedo, ahora dependiente de la Consejería de Bienestar Social, podría mantener su envidiable política de apoyo a los artistas menores de treinta y cinco años, que dura ya dos décadas. En general, esos 300.000 euros serían suficientes para sostener en un primer nivel cualquier programación artística, como la que debería tener, por ejemplo, el Palacio Revillagigedo de Gijón, que hace tiempo renunció a sus pretensiones de centro internacional de arte.
    En 2012, la Consejería de Cultura del Principado de Asturias tendrá que plantearse la renovación de su convenio de exposiciones con el Banco Herrero y, sin que esto sea incompatible, tener una sala propia en Oviedo. Porque, inexplicablemente, la capital asturiana carece de sala de exposiciones municipal o autonómica, algo que diversos movimientos ciudadanos vienen denunciando y pretenden subsanar con la propuesta de convertir la antigua Fábrica de Gas en el gran centro cultural que la ciudad necesita, al estilo del Matadero de Madrid. Mientras tanto, la cultura alternativa ovetense tiene que contentarse con el centro social y cultural La Madreña, extraordinariamente activo, que encuentra su equivalencia en el antiguo edificio de Tabacalera de la capital española, también ocupado y perfectamente organizado. A la espera de que, finalmente, se ponga en marcha en Oviedo la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento, que debería ser lo más profesional, participativa y cercana a la ciudadanía posible.
    Si todo sale como se espera, el puesto de director general de la Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo saldrá a concurso público y abierto, para que se contrate a un profesional titulado superior con más de cinco años de ejercicio profesional, como marca la ley. Esta es la principal novedad de este año, que van a salir a concurso público y abierto, según el manual de buenas prácticas en museos y centros de arte, puestos tan señalados como el de director del Museo de Bellas Artes de Asturias o del Centro Niemeyer de Avilés, acabando con incompatibilidades y conforme a un plan director que establezca definitivamente el camino hacia la excelencia, no es tan difícil. En Laboral Centro de Arte de Gijón no se contratará a una nueva directora-gerente y se mantendrá al actual director artístico, algo sensato y plausible. También se producirá, por prejubilación, el relevo al frente de la Obra Social y Cultural de Cajastur, magnífica oportunidad para poner en el cargo a alguien que sepa.
    Lo razonable sería que el sueldo de todos estos nuevos puestos se fijara con cierta austeridad, pues no tiene sentido que los directivos de estos centros cobren 100.000 o 120.000 euros al año, un tercio más que el consejero de Cultura, y el resto de los empleados sean subcontratados mileuristas. Hay que cuidar las formas para que la cultura no se convierta, como lo está siendo, en el chivo expiatorio de un despilfarro público que afecta en mayor medida a otros sectores mucho menos plurales, más cerrados y oligárquicos, con infinitamente superior dotación presupuestaria y menor control. Y, desde luego, mucho menos interesados en procurar el bien común.

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