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Javier Ávila

Barceló y la montera picona

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Hugo Fontela
Centro Oscar Niemeyer. Avilés



No cabe duda que para construir una estrella es necesaria materia prima, para construir una estrella rutilante de la plástica es necesario un pintor que controle el oficio, en el caso que nos ocupa esta premisa se cumple. Hugo Fontela es un pintor de oficio, con buena cocina y el descaro necesario, que también hace falta para estos menesteres. La fórmula para hacer fortuna es fácil, se invierte en especie cuando es aún barata, se monta una campaña de publicidad para que el asunto cale y se espera que la operación genere sus dividendos, hasta aquí todo bien.
 
Para muestra un botón. Uno de los datos destacados de la trayectoria en éste último año es el dato fundamental de que son los Príncipes de Asturias los encargados de inaugurar la muestra del insigne pintor celebrada en el Museo de Montserrat, conocido por todos nosotros como uno de los espacios de referencia a nivel internacional.

He tenido la santa paciencia de leer la información que la Web del Centro ofrece sobre la exposición “Niemeyer by Fontela”, aunque no sé si atreverme a hacer una invitación de tal ejercicio, es sencillamente delirante. Los pequeños textos a modo de anotación en el cuaderno de campo del artista me generan tal perplejidad que dudo entre que realmente se los crea o simplemente tome al público por idiota.

Además de las fotografías del creador junto al arquitecto, las cuales describiría desde el absoluto pasotismo del anciano, que no se entera quién es ese jovenzuelo, y la mirada arrebatada y condescendiente del joven hacia el señor al que visita, como el nieto que espera la paga del domingo. Como decía, además de estas fotografías, me paro ante una frase manuscrita del artista: “mientras trabajaba en las vanitas, me acordé de Morandi, y también de Barceló”. Aspecto que se resalta en el texto que acompaña al evento. Véase la imagen que acompaña el presente artículo.

En un número de los noventa de la revista El Europeo, en un reportaje del por aquellos entonces emergente pintor mallorquín, aparecía una acuarela en la que se podía leer         “Miró, Tápies, Barceló” a modo de pequeño esquema de la evolución de la pintura catalana del pasado siglo, ya entonces aquello me parecía ir muy sobrado, la verdad. Sin embargo aún se puede llegar más lejos, resumiendo y ahondando en lo ocurrido en nuestro país con el cambio de milenio en “Miró, Tápies, Barceló, Fontela”.

PD. En vista de que los azules no se nos daban muy bien, nos hemos pasado a los verdes. Por cierto, vive y trabaja en Manhattan.

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