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Crítica

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Javier Ávila

Maestro. Luís Gordillo

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Luís Gordillo “Archipiélagos. Una revisión gráfica”.
Palacio de Revillagigedo. Gijón
Hasta Enero de 2012



Escribir a estas alturas sobre la obra o la figura de Luís Gordillo es complicado, difícil sin caer en la repetición, en lo ya dicho sobre una trayectoria que sirve de referencia a toda una generación, tan importante en nuestro país como aquél grupo de pintores que surgen con la transición política hacia la democracia en plena efervescencia, aquella nueva figuración madrileña o aquél grupo de pintores de procedencia sureña, con Pérez Villalta o Chema Cobo al frente, que forjaron una nueva realidad artística con proyección internacional tras décadas de oscuridad, artistas que partían de la palabra libertad como referencia desde la que construir su actitud, su discurso y su compromiso y que tienen en la figura del Maestro Sevillano uno de los puntos fundamentales en los  que mirarse.

Forjado en un camino casi solitario, su obra sirve de entrada, en nuestro precario panorama del momento, a las investigaciones estéticas del Pop y la pintura de repetición, hasta erigirse como digo en faro de muchas cosas que ocurrirían con posterioridad.

La pulcritud y el carácter sistemático de la construcción de su obra es elemento fundamental para acercarse a la pintura de un autor que genera sus imégenes desde una apariencia que no siempre es lo que parece, cuando observada con detenimiento es fácil descubrir que la gestualidad y la acumulación son ficticias, que nada está dejado a la improvisación, que sus complejas composiciones estructurales están absolutamente proyectadas y definidas desde un principio. En el caso de su obra gráfica, este elemento es absolutamente clarificador, permitiéndonos ser testigos de una evolución milimétrica.

En una entrevista realizada hace algunos años, el propio Luís Gordillo declaraba no entender esa imagen más o menos aceptada del pintor desenvolviéndose en el caos de su estudio, embadurnado y repleto de manchas de pintura, asegurando que su lugar de trabajo era diametralmente opuesto a esta idea. Su estudio era un espacio absolutamente controlado por el orden y la pulcritud, su proceso de trabajo ante la tela era exactamente igual. Esta anécdota de aparente insignificancia, guarda en mi opinión muchas de las claves, no sólo de su propia producción, también de su mirada hacia determinados movimientos artísticos de los que pretende alejarse.

Como indico al principio del artículo, no es fácil escribir sobre figuras tan consolidadas como es el caso, pienso que lo único a lo que se puede llegar es a una invitación a la oportunidad de disfrutar de un Maestro con mayúsculas.


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