AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

La belleza de ese momento revolucionario

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Publicado en La Nueva España


Fran Meana
Anana (el viajero imprudente)
Del 16 de Septiembre al 22 de Octubre
Galería Espacio Líquido

Aunque Fran Meana nació en Avilés en 1982, se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Vigo y vive actualmente entre Barcelona y Rotterdam. Este artista, apenas conocido en Asturias, realizó su primera exposición individual en la galería Nogueras Blanchard (2008), con la que ha asistido a las dos últimas ediciones de ARCO, y en su trayectoria cabe destacar su participación en las muestras colectivas «89 Km» MARCO (2010), «Antes de todo» CA2M (2010), «Educando el saber» MUSAC (2010) y «La cuestión del paradigma. Genealogías de la emergencia de arte contemporáneo en Cataluña», Centro La Panera (2011). Con estos méritos propone en Espacio Líquido una geografía en la que se relacionan lugares y tiempos, objetos y documentos, lenguajes distantes que cuestionan lo establecido, el punto de vista del poder, permitiendo nuevas conexiones y rompiendo la linealidad de la narración, fracturando, en definitiva, el orden. Se trata de un discurso crítico, con sensibilidad política, pero que no está concebido como un panfleto, sino armado con historias diferentes a la oficial, buscando distintas perspectivas, tendiendo más bien a la opacidad y obligando a una lectura detenida para descifrar las claves.

Si en «Paisaje para cámaras de seguridad (2007)» situaba maquetas de bosques frente a cámaras de seguridad, convirtiendo el paisaje en una arma que desactivaba el sistema de control, y en «Una línea de D a D (2010)» una serie de fotografías de gobiernos y ministros de la transición fueron colocadas en la pared formando una línea irregular con altibajos, en esta ocasión recorre como un viajero imprudente territorios inestables, siguiendo una estrategia que le permite formular preguntas y obtener respuestas, aunque no necesariamente en ese orden. En un vídeo se entrecruzan diversas narraciones, y el descubrimiento de fray Jacinto de Carvajal, en Venezuela en 1647, de las piñas silvestres, denominadas «anana» por los indios guaraníes, convive con el relato del empeño quimérico de construir la máquina del movimiento perpetuo. Se acumulan arquitecturas de plástico, restos de pelo de vaca, fotografías con motivos vegetales, papeles, una máquina de humo y tres peldaños, a escala natural, realizados en madera, copia de la escalera de las Escuelas del Ave María de Arnao (Castrillón), creadas en 1913 por la Real Compañía Asturiana de Minas con el fin de atender la educación básica de los hijos de los trabajadores de la empresa. Una escultura que concentra adherida a las formas geométricas, a la estructura, la memoria de la industrialización, el paternalismo, la educación manjoniana, la lucha de clases, la Guerra Civil y la represión.

La forma de entender el arte para Fran Meana tiende a desplegarse mediante una multiplicidad de recursos que producen la sensación de que el proyecto no se encuentra cerrado, más bien en proceso y que puede adquirir un nuevo sentido según se relacionen las piezas. Esta indeterminación enriquece la propuesta permitiendo distintas asociaciones y miradas, si bien la carencia de algún texto que oriente puede confundir al visitante. Sobre todo cuando se trata de un trabajo conceptual que se articula sobre elementos inestables, incluso extraños, que no responden a una lógica sino al intento de desvelar, emocionalmente, los mecanismos del poder. Sabiendo cómo ocurría en su pieza «Sobre la (im)posibilidad de una guerrilla panteísta (2008)», obra resultado de explotar artefactos en la pared de una galería, que cualquier acto subversivo, arropado por el sistema, se convierte en una parodia. Y, también, consciente de que sólo merece la pena trabajar para conseguir que solidifique la belleza de ese momento, que un día llegará, revolucionario.



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