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Juan Carlos Gea

Una arqueología a la espera

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Publicado en La Voz de Asturias

El rito familiar de la piña a los postres y el origen de la palabra “ananas”, que aún designa la exótica fruta en bastantes idiomas; la biografía de un tío abuelo emigrante a Venezuela que se empeñó en la construcción de la máquina del movimiento perpetuo, y su posible, pero finalmente decepcionante relación con la emancipación revolucionaria de la clase obrera; el imaginario culpable de la colonización española de las Indias; unas imágenes del cineasta argentino Lisandro Alonso; las escaleras de las viejas escuelas para obreros de Arnao. Y plástico, vídeo, madera, goma, pelo de vaca, papeles reciclados como collage, lenguaje articulado, recuerdos inarticulados... El avilesino Fran Meana (1982), uno de los artistas jóvenes más prestigiados pero menos conocidos en su propia tierra del actual panorama asturiano, parte de todo ese disparejo cajón de materiales y referencias para su primera exposición individual en Asturias: A n a n a, que expone en la gijonesa galería Espacio Líquido.
El resultado de la digestión conceptual y la recombinación material de todos esos elementos sitúa al espectador ante una experiencia exigente, pero al mismo tiempo muy inmediata; como ante unos restos de otro tiempo -el pasado o el futuro, es lo de menos- que han adquirido otras propiedades, otras funciones y otros valores. Quizá el estético sea el más evidente de ellos, ya que Meana ha buscado conscientemente dotarlos de la autonomía de una microescultura o de cualquier otra pieza de arte.
Pero los elusivos objetos y fragmentos reunidos en la instalación central y las piezas de muy distinto formato que orbitan en torno a ella también se comportan como restos de una arqueología que está esperando que la historia de la que forman parte revele un significado y unas relaciones con la realidad que, por otra parte, bien pudieran quedar para siempre perdidas o inexpresadas.
Muy reveladora de ese juego resulta, por ejemplo, la escultura en madera en la que Fran Meana ha reproducido al milímetro la estructura superior de las escuelas para obreros de Arnao; el punto, según explica, desde el que mejor se divisa un conjunto que, en su momento, representó la contradictoria presencia de una educación progresista y de vanguardia en un contexto histórico de dominación de clase y, cuando menos, paternalismo despótico. La estructura, instalada de manera que cuesta trabajo reconocer en ella el motivo original al que alude, permanece silenciosa, librada a su propia subsistencia como objeto cargado, si acaso, de cualidades estéticas, hasta que el propio artista, o un texto explicativo, o las explicaciones de los propios guías de la galería, revelan el depósito de referencias que ocultan sus formas: una esquinada metáfora de la historia y el olvido.

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