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Luis Feás Costilla

Borrar caminos, abrir nuevas vías

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Publicado en La Voz de Asturias
Cristina Cuesta siempre se ha preocupado por abrir nuevos caminos, que nunca borran del todo sus etapas anteriores. Desde que se dio a conocer cuando ganó el Certamen Nacional de Pintura de Luarca de 1997, en los tiempos gloriosos de Jesús Villa Pastur, los paisajes esencializados que la caracterizan han evolucionado desde sus áridos inicios, en los que predominaba la materia y el trazo sobre fondos terrosos de apariencia neutra, hasta sus obras posteriores, en las que lo que predomina es el color, en especial los malvas y ahora los azules, muy delicados y a la vez eléctricos. En su exposición de 2006 en la galería Cimentada de Oviedo, la pintora asturiana mostraba incluso un eterno anhelo de bosque, de lo que una vez fue y ya no es, pero pudo haber sido. Es difícil saber si la avilesina, habituada a los desiertos interiores, quiere evocar playas y mares reales de su entorno vital, pero lo cierto es que más bien parece estar hablando de sí misma, de sus días tranquilos y plácidos pero también de sus miedos e inquietudes, sus inseguridades, que son probablemente los que impiden que esta buena pintora, de talento reconocido y demostrado, no se embarque en mayores aventuras. Me refiero a la ambición de sus propuestas, a su intención de soltarse y liberarse, no a los formatos que utiliza, que podrían ser suficientes para hacer una pintura más intensa, sublime y menos bella.
En su nueva exposición en la galería Octógono de Avilés muestra una veintena de obras de tamaño intermedio, con sus ya habituales abstracciones de rostro amable. Los azules eléctricos se combinan con tonos más apagados, integrados en la tabla que les soporta mediante raspados y otras técnicas afines, que convierten sus obras en verdaderos torbellinos visuales en los que, como el título de la propuesta explica, es difícil hallar caminos, horizontes u otras referencias paisajísticas, aunque se tiene la certeza de que están ahí, escondidos tras la maraña, esperando ser descubiertos por exploradores de ánimo decidido, que no se arredran ante las dificultades. Es increíble cómo un género como el del paisaje, cuando no se limita a copiar de manera fiel el mundo exterior, sino que también transmite el mundo interior del artista, como sus sensaciones, puede trascender de tal forma las convenciones que se le imponen y convertirse en reflejo de lo que no se ve, de lo que está más allá, de lo que está oculto pero latente. Cristina cuesta, pero al final vale la pena.
Díptico (Cristina Cuesta, 2011)

AVILÉS // Agrupadas de dos en dos, a modo de dípticos, las obras de la artista avilesina Cristina Cuesta ganan en contraste expresivo y refuerzan los principales valores de su pintura, como son la vitalidad del trazo incrustado, la integración del color en una superficie neutra y la capacidad de evocación de un plano pictórico con carga de fondo.

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