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Juan Carlos Gea

Nostalgia de la modernidad

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Publicado en La Voz de Asturias

De Lillo regresa a Guillermina Caicoya con una revisión melancólica del siglo XX en la individual ‘..Por fin, de nuevo, o no... todavíaPor fin, de nuevo, o no... todavía”. Esa fue la deslizante respuesta que por lo visto dio Joost Schmidt, maestro de taller de la Bauhaus, cuando se le preguntó por la situación de la escultura tradicional en el programa de estudios de la legendaria escuela de artes alemana. Y esa es la respuesta que, también de modo elusivo pero con la concreción de la obra hecha, se apropia Pablo de Lillo (Avilés, 1969) en la individual que acaba de inaugurar en Guillermina Caicoya; aunque, en su caso, no para referirla a la escultura sino a la precaria situación de “cualquier propuesta artística que se aleje de la tradición idealista heredada del Romanticismo”.
No es lo único que cita De Lillo en su tercera visita a la galería ovetense. En “...Por fin, de nuevo, o no... todavía” hay alusiones a la arquitectura que se dejó seducir por la escala épica de los totalitarismos; o al perverso funcionalismo de las letrinas de Auschwitz, convertidas en un insospechado foro y reducto de convivencia. Hay también referencias directas a piezas míticas del diseño mobiliario, como la silla B32 de Marcel Breuer o a las investigaciones de Buckminster Fuller sobre estructuras modulares. A partir de ahí, Pablo de Lillo presenta una serie de piezas que van desde la impresión digital basada en esculturas de etapas anteriores de su obra hasta grandes intervenciones como la reconstrucción de las letrinas del lager más tristemente famoso, en una instalación que combina con ejemplares de la planta Sanseviera Cilindrica, fruto de la colaboración con la diseñadora paisajista Sandra Bobes.
El diáfano espacio de Guillermina Caicoya acoge además reconstrucciones (o deconstrucciones) de las piezas a las que se refiere, pequeñas maquetas que redescubren arquitecturas míticas del Movimiento Moderno, falsos muebles y prototipos, con una misma intención: traer a este tiempo incierto esos fragmentos de historia y revisar -asegura De Lillo, con menos ironía que melancolía - un legado que, paradójicamente, resulta incluso más ajeno en el contexto actual que en aquel que intentó revolucionar hace, en más de un caso, ya un largo siglo.

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