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Luis Feás Costilla

La estricta regla de Galano

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Publicado en La Voz de Asturias
En su empeño por dificultarse la tarea, para huir de la complacencia y el vacuo preciosismo, Miguel Galano emprendió hace diez años una serie de dibujos de línea que expuso por primera vez en abril de 2005 en la galería Amaga de Avilés. Dibujos mínimos, hechos con regla, dedicados en un primer momento al avilesino Parque de Ferrera y que se ceñían a delimitar el contorno de los objetos con una contención de gran encanto, entre ingenuo e infantil, pero con una precisión un tanto gélida y escueta. Se abría así un nuevo camino en la obra del artista de tapiego que dura una década y ahora se muestra de forma retrospectiva en el Complejo As Quintas de La Caridad, en una exposición que se abre con una treintena de estos dibujos y se complementa con otra docena hecha con lápiz sobre pigmento diluido, más las siete ilustraciones del poemario De Veiga a Taramundi , escrito por José Antonio Cabanella.
Miguel Galano ha hecho intencionadamente voto de pobreza, como si de un monje austero se tratara, al que el ayuno y la abstinencia sirvieran para alcanzar el estado de gracia. Recuerda en esto al Luis Fernández masón, que también convirtió el acto de pintar en un éxtasis purificador, un método de “preparación espiritual para la recepción de la Gracia”. Ambos comparten además una fuerte base geométrica y lineal. La diferencia está en que mientras para el pintor ovetense, tan admirado por Galano, cada dibujo era un calvario, un cúmulo de etapas que le obligaba a trabajar muy lentamente, hasta el punto de tardar meses o incluso años en terminar uno solo, “sencillamente por honradez, para hacer un buen trabajo”, para el pintor de Tapia el proceso es, por el contrario, de simplificación, de esquematización, de reducción, en consonancia con los valores de su generación, claramente postminimalista. Para Luis Fernández se trataba de ir sumando hasta llegar a un despojamiento que era el resultado de una síntesis, mientras que para Galano de lo que se trata es de ir restando, quitando, con el consiguiente riesgo de reducir al mínimo el poder de evocación de las formas y acabar eliminando elementos vitales de la obra.
¿Cuánto es suficiente para tener un dibujo acabado? ¿Basta con unas pocas líneas, tiradas a regla, con silueta de farola o de casa a dos aguas? En muchas de estas obras, Miguel Galano demuestra con creces que sí. Su método de renuncia funciona y conjuga, en inexplicable equilibrio, cabeza y sentimiento.
Lindenhof’ (Miguel Galano, 2008)

LA CARIDAD // Entre tanto tiralíneas de regla estricta se agradecen, como si de un oasis en medio del desierto se trataran, las obras en las que la mancha de color sirve de base para el dibujo, porque contienen algo más de jugosidad y frescor, aunque los tonos sigan siendo pardos y apagados.


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