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Crítica

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Luis Feás Costilla

Hermoso testimonio de naturaleza descarnada

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Publicado en La Voz de Asturias
El compromiso del fotógrafo donostiarra Íñigo Calles está en su testimonio lento y prolongado de las rivalidades entre la industria y la maleza, la posesión del territorio por parte de la humanidad, su reconquista por parte de la naturaleza, en series como la titulada Paisajes rebelados, expuesta hace tres años en esta misma galería Vértice que ahora acoge, bajo el título A cielo abierto , sus últimas aportaciones. La diferencia está en que, si entonces, lo que predominaba era el desmantelamiento industrial, las fábricas de explosivos extintas, los castilletes o los vestuarios mineros abandonados, con los matojos introduciéndose por los resquicios de baldosas y azulejos y las malas hierbas asomándose por entre las ventanas rotas, en las actuales lo que centra su atención es la actividad fabril a pleno rendimiento, las heridas abiertas en la tierra por enormes máquinas que extraen los minerales al tiempo que devastan el paisaje. A veces se cuela alguna pequeña planta, algún brote verde, pero lo que domina es la industria implacable, capaz de transformar lo que antes había sido montaña en un profundo agujero de naturaleza muerta, una inerte cantera que, tras la explotación, apenas queda reducida a roca y otros materiales estériles.
Como las reproducciones son en gran formato, en general sobre dibond, se aprecia hasta el más mínimo detalle de la iridiscencia de la mina, su diversidad multicolor, pese a la apariencia monótona y fría. Es estética sin esteticismo vacuo: la roca es bella de por sí, su textura ya viene enriquecida, los colores veteados alcanzan unas calidades que únicamente puede proporcionar la naturaleza inorgánica, impregnada por el transcurrir de los milenios, sin que la intervención humana haga más que dejarla al desnudo, descarnada. Iñigo Calles no denuncia, no se escandaliza, no se altera. Ofrece testimonio de que la mina también puede ser un monumento al trabajo laborioso, a la implicación necesaria, a la tarea ineludible. Y un bello ejemplo de la organización productiva, con taludes bien dispuestos y estructurados, en un orden perfecto. De lo que se trata es de mostrarlo todo, sin artificios ni engaños. Las imágenes, sean desde un punto de vista alejado o mucho más próximo, siempre tienen profundidad. No se pierden en un pictoricismo plano y frontal. Captan en todo momento el ángulo, la esquina, las líneas en fuga al reforzar la sensación de realidad sin diluir la fruición visual.


Cerro Colorado 1 (Íñigo Calles, 2010)

 Este fulgor del Río Tinto, de aguas trasparentes y lecho teñido de púrpura, muestra bien la habilidad de Íñigo Calles para encontrar belleza en la tierra baldía, en la desolación de la mina, sin hurgar en la herida, capturando con su máquina lenta lo que el ojo presto apenas percibe.

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