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Crítica

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Jaime Luis Martín

Destellos eléctricos

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Publicado en La Nueva España


Noches eléctricas. Arte y pirotécnica
Del 18 de Marzo al 12 de Septiembre
Laboral Centro de Arte y Creación Industrial

«Noches eléctricas» toma su título de la película que en 1928 realizó el vanguardista ucraniano Eugène Daslaw (1899-1966) seducido por la iluminación que convirtió a las ciudades del siglo XX en todo un espectáculo de luces. Este nuevo fuego recorría en neones las calles y escaparates fascinando al paseante con sus brillos y sus parpadeos. La exposición, magnífica en el planteamiento y en la puesta en escena, es una colaboración entre Laboral y el Centro Georges Pompidou de París, cuyos antecedentes habría que rastrear en la muestra «Le mouvement des images (El movimiento de las imágenes)» concebida en el año 2006 por el Centro Pompidou y en itinerancia por diversos museos. Pero si en aquélla se revisaba la influencia del cine sobre la percepción y el pensamiento, «Noches eléctricas» explora la relación entre el cine, la pirotecnia y los fenómenos luminosos, junto con aquellos recursos visuales próximos a estos conceptos como las explosiones, los volcanes, las tormentas y las estrellas.

Si bien el recorrido se inicia con una serie de grabados antiguos y de fotografías vanguardistas (Brancusi, Maar, Moholy-Nagy, Brassäi, Kertesz), el cine es el gran protagonista de esta aventura, que el comisario Philippe-Alain Michaud relaciona con las artes temporales, al igual que los fuegos artificiales, vinculados ambos, también, por la temática de la luz y la experiencia de la oscuridad. Ahondando en esta idea, tras haber visitado «Noches eléctricas» al visitante puede quedarle la impresión de considerar el cine como una forma de pirotecnia. Pero el resultado es una fiesta para los sentidos, una inmersión en una noche donde conviven la tradición cultural de los fuegos artificiales y el cine científico de principios del siglo XX relacionado con el tema, que se cuela, integrado, entre las obras de los artistas.

En este universo deslumbrante destacan las esculturas animadas de luz de Anthony McCall, que en un espacio saturado de humo construye un haz luminoso con reminiscencias minimalistas. Ana Mendieta traza su silueta con marcas a fuego en la tierra, y Cerith Wyn Evans homenajea a Pier Paolo Pasolini en una película donde un grupo de jóvenes escriben con petardos uno de los versos del asesinado cineasta, prendiendo posteriormente el poema y dejando que el texto se transforme en un destello. Mientras Claude Lévêque filma, en blanco y negro, tres segundos de la explosión del Sol, Helga Fanderl celebra el levantamiento revolucionario de 1789 en una grabación del 14 de julio, fiesta nacional de Francia. El encendido ininterrumpido de una cerilla filmado por Peter Moore para Yoko Ono contrasta con el centelleo de las sirenas de Policía de John Cale. Resplandecen las secuencias de explosiones captadas de una pantalla de televisión de Claude Closky, los montajes pirotécnicos de Cai Guo-Qiang y el espeso humo que satura la pantalla de Ange Leccia. Reluce el proyecto «Impresiones en la alta atmósfera», del español José Antonio Sistiaga, que filma y pinta cada fotograma de un astro en un momento de incandescencia. En esta línea pictórica, explorando los cromatismos, cabe entender los trabajos de Roman Signer. Y chispea la obra sonora de Rui Toscano mientras Anri Sala nos ofrece una visión muy particular de una sesión con un DJ mientras el sonido de los cohetes surcan el cielo de Tirana.



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