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Luis Feás Costilla

Ética y estética de un arte de montaña

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Publicado en La Voz de Asturias

Benjamín Menéndez y Carmen Madreña Roja han escrito un manual para pastores, que se exhibe en una galería comercial poco obsesionada con el forraje, la siempre arriesgada sala de arte Texu de Oviedo. Menéndez, bien conocido en Asturias como ceramista, escultor y pintor, presta su apoyo a Carmen, que esconde su apellido real bajo un pseudónimo sacado de su proyecto de arte vegetal denominado Mil Madreñas Rojas, implantado en el Alto Sil y que pretende la recuperación del trabajo con materias naturales representativo de la cultura rural de montaña, combinando el efecto estético con el trasfondo ético. El arte como “arma de defensa frente al ataque, la destrucción, el olvido o la indiferencia sobre nuestro espacio y nuestra cultura”, según se lee en su manifiesto, y que con la ayuda del artista avilesino pasa de ser un proyecto de arte de la tierra, necesariamente efímero y contingente, a tener un desarrollo más objetual, mejor adaptado al suelo urbano y al llano.
La instalación conjunta, que da noticias, como indica su título, del elevado y sublime país de la montaña, trata de crear un espacio en el que la intervención humana se acompase bien con el origen natural de los elementos utilizados, a la manera en que lo hacían los antiguos pastores, hoy casi extintos y a los que Carmen Madreña Roja tiene siempre presentes en sus oraciones poéticas. Se usa hoja de roble, vara de avellano, mimbre, lana, madera, hueso, musgo, liquen, hierro, porcelana, hilo de bramante, sobre el suelo, sobre peanas, colgados del techo, con la sala dividida en dos partes comunicadas, una más abierta pero un tanto abigarrada que evoca el espacio al aire libre y otra más próxima que recuerda a un interior, que podría ser tanto una madriguera como un chozo. La traslación es instantánea, en un montaje que huele a humus a pesar de ser herméticamente inodoro, gracias a la preocupación de sus autores por el tratamiento y conservación de los materiales empleados. En primer plano se muestran recipientes de cerámica con manto vegetal, luego adentrándose una cortina de porcelanas descascarilladas y finalmente un espacio acotado por un cierre de maderas y hojas, con la esquina ocupada por una acumulación de lana que tanto podría ser un jergón como un tálamo nupcial, según se presenta. Es la visión de conjunto de una instalación conceptual que también tiene valor en sus detalles artesanales, trenzando una historia hermosamente nostálgica, incompatible con nuestra vida artificialmente atropellada.

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