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Luis Feás Costilla

Un silencio que no necesita palabras

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Publicado en La Voz de Asturias

La obra de Kely es una metamorfosis de continuas crisálidas y mariposas efímeras. En el arte contemporáneo asturiano solo hay otro caso semejante, el de Ricardo Mojardín, homo ludens. Los cambios en la pintora ovetense son menos libertarios e intelectualizados y se producen de una manera más callada e íntima, como salidos de una profunda necesidad interior. La verdadera ruptura se dio a finales de la década de los noventa, cuando surgió, a los treinta y siete años, una nueva Kely que dejaba atrás todas sus pieles de aprendizaje y se mostraba en un primer esplendor, recompensado con exposiciones en París y Bruselas. Luego vendría toda una serie de mutaciones que Juan Manuel Bonet recogía bien en un texto para la galería Fruela que se reproduce en la actual exposición: pintura lírica, cuadros fragmentarios con collage fotográfico, cuadros despojados en azules, rojos y naranjas con mucho negro y mucho blanco, cuadros complejos con superposición de planos velados por tramas. “Cuadros de emoción”, en definitiva, en los que son importantes el grafismo y la caligrafía, con o sin palabras, desde que decidió enmudecer a partir de su individual de 2005 en la galería Vértice de Oviedo.
El dibujo es desde luego fundamental en la obra que expuso en 2008 en la galería Fruela de Madrid y que ahora se muestra íntegramente en Asturias por primera vez, en el siempre oportuno Complejo Cultural As Quintas de La Caridad. Cuadros que impresionan al entrar en la sala, de gran tamaño e intencionadamente decorativos, en blanco y negro, con flora imaginaria de borlas punteadas en plata y un aire indiscutiblemente oriental. Si se va a los detalles, son telas preciosistas pero pictóricamente confusas, pues la limpidez y precisión de la línea es perturbada por manchas sucias y sobreabundantes efectos de luz con spray blanco que velan los dibujos. Es algo probablemente buscado que huye de las apariencias amables y de todo propósito calmante, pero que distorsiona un tanto la claridad y la nitidez que la obra en sí misma parece exigir: las formas creadas, trepadoras y tentaculares, son ya lo suficientemente inquietantes como para necesitar ulteriores refuerzos.
Pero Kely ya está en otra cosa. En su última exposición en la galería Gema Llamazares, presentaba sus más recientes y hermosas flores nocturnas, exhibidas también en una colectiva en Guillermina Caicoya, que mostraban una vez más a una pintora versátil en pleno dominio de su silencio expresivo.

S/T’ (Kely, 2010)

Frente a los linos de 2007 y 2008, la principal novedad en la actual exposición de Kely son los papeles, realizados en 2010 y que completan la serie de flores extrañas de una manera menos chinesca y en negativo, con algo más de color y un dibujo de similar imaginación.

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